Monday, November 21, 2016

Un mostro llamado Tom Jones.




Good morning world!


Es sábado, algo que lamentablemente ocurre solamente cada siete días. Abro feisbú y me encuentro con esta joya. Me hace recordar un compañero de secundaria en Manguito*. Era una suerte de enciclopedia musical en forma de negrito flaco y alto. Han pasado 46 años, no recuerdo su nombre, ni en qué pueblo aledaño vivía, pero recuerdo que le hacíamos coro para oírle hablar de música.

Su padre, marino mercante, tras largas ausencias, regresaba cargado de información y artículos del mundo real, nada que ver con aquel Macondo revolucionario, saturado de consignas y maquillado de tierra colorada que sufríamos. Nunca olvidaré que por él conocí una grabadora. Oír nuestras voces reproducidas por aquel artefacto, era algo alucinante para aquel bando de guajiros habitantes de dos mundos más allá del tercero. Oír música, vedada en los medios oficiales, era una experiencia surrealista. Un día, el amigo musicólogo se apareció con la grabadora y una cinta. – Se llama Tom Jones y el tipo es un mostro* – Nos dijo, y apretó una tecla.

Años después en Madrid pude seguir la carrera de aquel magnifico interprete y pagar lo que representaba para la delgadez de mi bolsillo una pequeña fortuna por un LP. She’s a Lady - Green, Green Grass of Home – Delilah -  It’s not Unusual, pasaron a formar parte del ambiente sonoro de aquel pequeño piso del barrio de Vallecas, al punto que la vieja Carmita una mañana,  cariñosamente, me prometió hacer el tocadiscos trizas contra el piso si no ponía algo de Joseito Fernández o Abelardo Barroso…  

Tom Jones ha envejecido elegantemente. Su potente voz ha alcanzado matices graves con los años. Abro feisbú y me encuentro con esta joya. Es sábado algo que lamentablemente ocurre solo cada siete días. Más lamentable aún, no logro acordar el nombre de aquel amigo de secundaria que nos enseñó que detrás de la cortina de bagazo y cesura existía un tipo, un mostro llamado Tom Jones.



*Manguito. Pueblo en la provincia de Matanzas, Cuba.
*Mostro. Nombre dado por los cubanos a alguien que sobresale en alguna actividad.

Wednesday, November 2, 2016

Matador de culebras.


La vio moverse en la oscuridad, entre los geranios y las rosas, enredada en el troco del Hibiscus, negra, brillando a la luz de la luna. Un escalofrió recorrió su cuerpo. Le tenía terror a los reptiles, pero estaba preparado. Alzó el machete y con la fuerza que produce el miedo descargó una y otra vez la filosa y acerada hoja contra su alargado cuerpo. Junto a un picadillo de siemprevivas, margaritas y malangas la dejó hecha pedazos. A la mañana siguiente su cuerpo inerte estaba aún allí…  ¡Ay Pepe mi cuñado! Ya compré en Home Depot una manguera nueva para el jardín.




Sunday, October 30, 2016

Vivir, lo que se llama vivir...


Foto cortecia de Reina Trucchio Williams.





Cuando has consumido y disfrutado seis décadas de vida. Cuando comprendes que una tarde charlando con tus primos, sobre las ruinas de un país y de lo que un día fueron los cimientos de la casa de tus abuelos en una remota finca de la provincia de Matanzas, tiene más valor y te llega más hondo que una charla con el presidente de un país.

Cuando beber el agua fresca de un arroyo te satisface más que beber el mejor whisky en la mejor barra del mejor bar del mejor hotel de New York o Madrid.

Cuando una complicidad con tus tres hijos varones en una paradisiaca playa caribeña te demuestra que son, además de tus hijos, tus mejores amigos.

Cuando despides a tu única hija en un aeropuerto, con una mezcla de orgullo y miedo porque ha decidido libremente hacer su vida por su cuenta.

Cuando has llorado de emoción ante el logro de un hijo, o de dolor en el sepelio de tus más queridos familiares o amigos.

Cuando la foto de una nieta te extrémese el alma y, por esas travesuras del ADN, ves en su labios los labios de tu madre... Es cuando puedes decir orgullosamente: creo que he vivido, creo que he vivido feliz.  
Mariah Alexandra Grillo, hace apenas cuatro años que llegaste a este mundo, mi mundo, tan distinto al que te tocará vivir, pero en tu fisionomía revive Carmen Morales, mi madre, y un tú carácter José Miguel Grillo, mi padre. Chiquitica, tú serás tú y tus circunstancias. Quizás nunca te sentarás sobre las ruinas de los cimientos de mi casa a charlar con tus primos, porque todas las vivencias son distintas. Pero tengo la seguridad que no te faltará en su momento el agradecimiento por la educación y el amor que recibes hoy. Yo te observo y repaso instintivamente un poema que Salomé Ureña le dedicara a su hijo.   
 
 Cuando sacude su infantil cabeza
 el pensamiento que le infunde brío,
 estalla en bendiciones mi terneza
 y digo al porvenir: ¡Te la confío!
 
Tú no lo sabes aún, pero eres la más solida prueba de que he vivido. Y vivir, lo que se llama vivir…




Tuesday, October 4, 2016

Pero si está la bandera….


Pero si está la bandera….

Con esta frase comienza el segundo párrafo de un poema que José Martí escribió en relación a un evento de baile en el que actuaba una bailarina española. La musa para escribir “El alma trémula y sola” le llegó a Martí una noche de 1890 en el Teatro El Edén Musee de New York viendo bailar a Carolina Otero.

El sentimiento que agobió a Martí aquella noche es fácil de comprender. El dolor por el país, por la patria perdida, le impedía al ciudadano, al poeta, al hombre, entrar a un recinto adornado con la bandera que representaba al opresor. No era una cuestión de odio, era honor, era vergüenza, era dignidad.

Un siglo y cuarto después el mismo país vive bajo una dictadura, no menos aberrante por ser, esta vez, cubanos sus dirigentes. En los últimos años soplan vientos de reconciliación, Muchos artistas residentes en la Isla viajan a actuar a Estados Unidos, a Miami en particular. Soy solidario con ellos, asisto a sus actuaciones y coopero con muchos eventos porque entiendo que son tan victimas o más que los que no vivimos en Cuba. Vivir en Cuba no significa simpatizar con el régimen. Aunque si hay algunos que simpatizan y cooperan, las pruebas están ahí, fáciles de obtener en youtube, en la internet.

El Flamingo Theater Bar aquí en Miami, anuncia próximamente una actuación de Candido Fabré, un cantante cubano a quien hemos visto innumerables veces cantarle a Fidel y a Raúl, más que cantarle arrullarlos con elogios y pleitesías. Candido está en todo su derecho a ser cándido con los despotas. Como es mi derecho no asistir a un evento donde se presente él o ninguno de los que adoren a quienes yo considero culpables de la tragedia de una nación. No participo en ningún tipo de acto contra su presencia aquí, esos actos me parecen abominables. Pero no señor Fabré, mi dinero me lo gasto con gusto disfrutando de un artista cubano local que tiene el alma trémula y sola y a sus espaldas la carga y la dignidad de vivir alejado de su tierra y de su gente por culpa de aquellos a quienes usted les canta las mañanitas.

No es cuestión de odio. Es por honor, por vergüenza, por dignidad, que yo no puedo entrar.


Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque sin está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.

Tuesday, September 27, 2016

El envenenamiento de Pupú.


− ¡Se enveneno Pupú, se envenenó Pupú! - Gritó Mirta Corredera. Su voz chillona retumbó en el batey del Central Mercedes, penetró por las puertas, ventanas y hendijas de las viejas casas de madera, descascarando la reseca pintura y espabilando el olvido colgado de las telarañas desde los tiempos del Machadato. − ¡Se envenenó Pupú, se envenenó Pupú! - Gritaba mientras corría de un lado a otro, llevándose una mano a la desgreñada cabellera, mientras que con la otra, sujetaba un mugriento delantal de cocina a la altura del pecho. – Yo sabía que ese muchacho iba a cometer una barbaridad. - Dijo mi madre sin abandonar su faena hogareña. Yo di un salto, dejé a un lado mi tarea de quinto grado y me calcé un par de tenis a toda prisa. 

Los problemas matrimoniales de Gilberto Crespo y Cira Grillo Cruz, comenzaron en el noviazgo, mucho antes de que Cira, ya casada, aceptara montar en el camión de volteo color rojo marca Chevrolet del año 1953 de Rafael Martínez. El viaje de Colón a Mercedes, incluyó una escala entre verdes y apacibles cañaverales. Dentro de la apretada y calurosa cabina, los cuerpos sudorosos y desnudos de Cira y Rafael se unieron en una danza lujuriosa, a ratos violenta, a ratos pausada, que empañó los vidrios y trucó los relojes.

Gilberto Crespo a quien todos apodaban Pupú, se acercaba a su cuarta década de vida, era un hombre fornido, de recortada estatura, velludo como un oso, de incipiente calvicie, honesto y trabajador. Con la ayuda de una de sus hermanas como mensajera, enamoró a Cira, ella desprovista de opciones, aceptó. Él pidió permiso a los padres de la muchacha para visitarla. Cira era una guajirita delgada de apariencia tímida, mirada escurridiza y algo introvertida. Dos veces por semana, después de una larga jornada de trabajo, hacía el recorrido a pie, desde el Central Mercedes hasta la lejana casita de campo de su novia. Dos sillones de madera colocados en una esquina de la diminuta sala, fueron testigos de aquel noviazgo. Nada más llegar Pupú, recostaba arrobado la cabeza en el hombro de Cira, y a los pocos minutos se quedaba profundamente dormido. Sus ronquidos, imperceptibles al principio, iban ganando sonoridad, hasta convertirse en un estruendo insoportable, que hacía parpadear la luz de los quinqués y azoraba las gallinas dormidas desde temprano en las ramas de los frondosos atejes. Cira no solo soportaba aquel desafinado concierto, sino que cuidadosamente para no despertarlo, se cubría el hombro con una toallita, para que la baba de su novio no le empapara la pulcra blusa. Pupú pasó más tiempo en los brazos de Morfeo que en los de su amada.

Con sus propias manos, construyó una pequeña casa, la amuebló con tanto entusiasmo como mal gusto. Con una sencilla ceremonia celebraron la boda. Pupú era feliz, Cira no. Eran la comidilla del pueblo, según las malas, las buenas y las peores lenguas, Pupú era rudimentario en el arte de hacer el amor y como las desgracias no andan solas, era además, eyaculador precoz. Aquel primer viaje en el camión de Rafael fue el catalizador para una desgracia. Cansada de viajar a Colón varias veces por semana a encontrarse con su amante, Cira optó por quedarse en casa, donde ya era frecuente ver aparcado el camión rojo de Rafael.

Cuca, la vecina, parapetada detrás de sus espejuelos de marco oscuro y ventanas entreabiertas, con el corazón acelerado, escuchaba casi todas las tardes el festín de los amantes, - Grita como si la estuviesen matando. -Le comentaba a un grupo de vecinas chismosas que insistían en conocer los pormenores de aquellos encuentros.

− ¡Es un gran amigo de la familia! Contestaba Pupú, cuando algún jodedor del pueblo le preguntaba maliciosamente por aquellas frecuentes visitas.

– Y tú, un perfecto tarrú. - Comentaban ellos a su espalda. Cira no logró, o no quiso soportarlo más y lo abandonó.

Era frecuente verlo en el barrio, de casa en casa, llorando como un niño, contando su infortunio y rogando a los vecinos para que intercedieran para que ella regresara a casa. Cira no solo se negó a regresar, le confesó a su mejor amiga detalles íntimos de aquel idilio, la gran diferencia entre su marido y su amante. − Con Rafael he aprendido para que me parieron. Dijo huérfana ya de pudor. Cambio su semblante, su carácter y hasta el modo de caminar, era, sin lugar a dudas, inmensamente feliz.

− Corran, corran-seguía gritando Mirta. Exhausto llegué al portal de la casa donde ya se agrupaba un gran número de vecinos. En sus rostros, en la conversación solemne y en los susurros se adivinaba la pesadumbre de la muerte. Empujado por la curiosidad, atravesé el umbral y me dirigí al grupo que dentro del cuarto rodeaba la cama. Asomé la cabeza entre los allí reunidos y la brisa nocturna que entraba por la ventana trajo hasta mí un horrendo hedor a vómito y mierda. El cuarto presentaba un estado lamentable, sobre la rustica mesita de noche, un cenicero rebosado de colillas anunciaba una marca de cerveza ya desaparecida. Las manchadas cortinas, confeccionadas con sacos de harina, se mecían como espantadas de aquella nube fétida. Un calendario, colgado de un oxidado clavo, mostraba la fecha, martes 22 de marzo de 1966. De un tubo de metal, atado con alambres a las vigas del techo, colgaban en desarraigo las pocas prendas de vestir pertenecientes a Pupú. Desde un portarretrato enmarcado en calamina, una foto de Cira, lozana, joven y sonriente, era mudo testigo de aquella escena. Sobre la cama de estrujadas y percudidas sabanas, yacía el cuerpo inerte de Pupú, embarrado en una sustancia viscosa devenida de sus propios intestinos. Rebosados hasta la fina franja azul del borde superior, dos bacinillas de esmalte blanco obstruían el acceso al lateral de la cama.

Fueron necesarios seis hombres para levantar aquel desvanecido cuerpo y trasladarlo, a intervalos, del cuarto al comedor, del comedor a la sala, de la sala al portal y del portal al auto de alquiler que esperaba en el oscuro callejón. A duras penas lograron introducirlo en el asiento posterior. Casi en puntica de pies yo observaba por la ventana del auto el cuerpo inerte tirado a la larga. Lo vi abrir un ojo, abrir el otro, sacar el brazo derecho que le había quedado doblado bajo el peso del cuerpo. Aquella posición inicial era muy incómoda para dar el viaje de 15 kilómetros hasta Colón. − ¡Está vivo, está vivo!- Grité a todo pulmón. Después de proferir un: − ¡Ay María Santísima! Mirta Corredera sufrió un desmayo, víctima de la desnutrición, más que de los nervios.

El auto partió, veloz, dejando la multitud envuelta en una nube de polvo, sombras nocturnas, esperanzas y conjeturas.

Las investigaciones de los médicos y las realizadas en el lugar de los hechos por amigos y vecinos, corroboraron lo que muchos sospechaban, todo había sido un simulacro. Un purgante de Palma Christi y un leve enjuague bucal con mata rata, fue lo que utilizó Gilberto Crespo para atentar contra su vida. Esa misma noche, Pupú fue dado de alta del Hospital de Colón y regresó a casa. Cira jamás regresó.



 


Thursday, September 22, 2016

Desayuno.


Las veo avanzar lentamente por el pasillo del restaurante. Cada una carga en sus manos el peso de una bandeja con el desayuno y sobre sus hombros, sobre sus cuerpos, el implacable peso de al menos ocho décadas de vida. Las cabelleras blancas, la piel arrugada, los ojos marchitos de tanto mirar, pero en sus labios, en sus mustios labios, dos diáfanas sonrisas.  Paso a paso llegan hasta la mesa continua a la mía, con dificultad, depositan sus respectivas bandejas en un lento y tembloroso ritual. Cada gesto, cada movimiento aparenta ser un sacrificio y un triunfo al impedimento que la avanzada edad les provoca.  Se sientan a la mesa, y suspiran exhaustas al unísono.
Me miran y escucho un “good morning” a dúo, que devuelvo con gentileza. Extienden sus brazos sobre la mesa, se toman de las manos, inclinan la cabeza, cierran los ojos y le rezan a su Dios. Le rezan a un Dios sin intermediarios, sin un listo de por medio capaz de sacarle provecho a una fe sincera. Son dos ancianas genuinas representantes de una especie camino a la extinción, algo que aun se puede observar, campo adentro en “Heartland Florida.”  Las miro y las admiro en silencio. Me recuerdan a mi madre, a mis tías. Me conmueve la escena. Me levanto de mi mesa he terminado mi desayuno. Me acerco a ellas, con ternura les regalo mi mejor sonrisa y les digo con mucho respeto,  Ladies, God bless you both and God bless América. Salgo del restaurante pensando, imaginando,  cuanta historia, cuanta vida acumulada en estas dos damas. Familia, amigos, amores, porque ellas un día también fueron jóvenes y bellas.           

Sunday, June 19, 2016

Dia del padre.

Viejo, hoy es el día. Ese día que han escogido para celebrar, agasajar y felicitar a los padres. Desperté pensando en ti. Yo siempre pienso en ti, sea o no sea el día de los padres. Muchas cosas han cambiado desde aquel 4 de noviembre del año 83 del siglo pasado en que se apagó tu vida entre las sabanas blancas de una cama de Hospital en Lake Worth. Fue una dura batalla contra el cáncer. Te venció, pero lo venciste, él también murió contigo.
 
Pero no es eso lo que quiero recordar hoy. Te quiero recordar alegre, risueño, vivo. Te quiero recordar montado a caballo, dándole vueltas en tu mente a una idea, a un negocio, a la forma de progresar y prosperar. Quiero recordar tu tenacidad, tu gran sentido del humor. Tu audacia, montándote por primera vez en un avión, con 62 años, para salvar mí futuro. Coño viejo, yo tenía que salir al menos regular, porque malo no me diste ejemplo ni oportunidad para que saliera. 
Te quiero recordar en familia porque en familia vamos a estar dentro de un rato. Tu hijo tiene hijos. Tres más, además de aquel pequeñito que alcanzaste a conocer. Esos hijos a su vez  comienzan a tener hijos. Por ahí anda una pequeñita de tez morena y firmes decisiones. ¡Si la vieras! Tiene el ADN Grillo cifrado en el carácter.

Quiero recordar además de tu tenacidad tu gran sentido del humor. Siempre me rio de la forma que contabas la anécdota del día que te atropellaron en Madrid. Intentaste cruzar la Avenida de la Albufera para reunirte con mi madre que compraba en una tienda. Viste un espacio, una oportunidad detrás de lo que creíste era último coche y te apresuraste a cruzar. No te cercioraste que detrás de de aquel coche venia un motorista. Sentiste el impacto y cuando abriste los ojos tenias un enorme molote de gente a tu alrededor. Una moto en el suelo aun girándole las gomas y un señor con un casco que te ayudaba a incorporarte, te alcanzaba las gafas y te preguntaba, − ¿Se dio golpe señor? Estabas de pie, no te había pasado  nada.  Al fin encontraste a la vieja, comprando distraída dentro de la tienda.
– ¿Oíste Miguel? ¡Arrollaron a uno allá afuera!
−Dame tu mano Carmita− Le dijiste, tomándole la mano y llevándosela a tu cabeza.
− ¿Y ese chichón? 
−Nada, tonta, que el arrollado fui yo…

Viejo hoy es el día. Ese día que han escogido para celebrar, agasajar y felicitar a los padres. Desperté pensando en ti. Yo siempre pienso en ti, sea o no sea día de los padres. No puedo abrasarte, no puedo besarte, pero puedo escribir esta nota llena de agradecimiento, respeto, admiración y orgullo. ¡Felicidades José Miguel Grillo Martin! ¡Felicidades mi viejo!