La vio moverse
en la oscuridad, entre los geranios y las rosas, enredada en el troco del
Hibiscus, negra, brillando a la luz de la luna. Un escalofrió recorrió su
cuerpo. Le tenía terror a los reptiles, pero estaba preparado. Alzó el machete y
con la fuerza que produce el miedo descargó una y otra vez la filosa y acerada hoja
contra su alargado cuerpo. Junto a un picadillo de siemprevivas, margaritas y
malangas la dejó hecha pedazos. A la mañana siguiente su cuerpo inerte estaba aún
allí… ¡Ay Pepe mi cuñado! Ya compré en
Home Depot una manguera nueva para el jardín.
Wednesday, November 2, 2016
Sunday, October 30, 2016
Vivir, lo que se llama vivir...
| Foto cortecia de Reina Trucchio Williams. |
Cuando has consumido y disfrutado seis décadas de vida. Cuando
comprendes que una tarde charlando con tus primos, sobre las ruinas de un país y de lo que
un día fueron los cimientos de la casa de tus abuelos en una remota finca de la
provincia de Matanzas, tiene más valor y te llega más hondo que una charla con
el presidente de un país.
Cuando beber el agua fresca de un arroyo te satisface
más que beber el mejor whisky en la mejor barra del mejor bar del mejor hotel
de New York o Madrid.
Cuando una complicidad con tus tres hijos varones en una
paradisiaca playa caribeña te demuestra que son, además de tus hijos, tus
mejores amigos.
Cuando despides a tu única hija en un aeropuerto, con una
mezcla de orgullo y miedo porque ha decidido libremente hacer su vida por su
cuenta.
Cuando has llorado de emoción ante el logro de un hijo, o de dolor en
el sepelio de tus más queridos familiares o amigos.
Cuando la foto de una nieta
te extrémese el alma y, por esas travesuras del ADN, ves en su labios los labios
de tu madre... Es cuando puedes decir orgullosamente: creo que he vivido, creo
que he vivido feliz.
Mariah Alexandra Grillo, hace apenas cuatro años que llegaste a este
mundo, mi mundo, tan distinto al que te tocará vivir, pero en tu fisionomía revive
Carmen Morales, mi madre, y un tú carácter José Miguel Grillo, mi padre.
Chiquitica, tú serás tú y tus circunstancias. Quizás nunca te sentarás sobre
las ruinas de los cimientos de mi casa a charlar con tus primos, porque todas
las vivencias son distintas. Pero tengo la seguridad que no te faltará en su
momento el agradecimiento por la educación y el amor que recibes hoy. Yo te
observo y repaso instintivamente un poema que Salomé Ureña le dedicara a su
hijo.
Cuando sacude su infantil cabeza
el pensamiento que le infunde
brío,
estalla en bendiciones mi terneza
y digo al porvenir: ¡Te la
confío!
Tú no lo sabes aún, pero eres la más solida prueba de que he vivido. Y
vivir, lo que se llama vivir…
Tuesday, October 4, 2016
Pero si está la bandera….
Pero si está la bandera….
Con esta frase comienza el segundo párrafo de un poema
que José Martí escribió en relación a un evento de baile en el que actuaba una
bailarina española. La musa para escribir “El alma trémula y sola” le llegó a Martí
una noche de 1890 en el Teatro El Edén Musee de New York viendo bailar a
Carolina Otero.
El sentimiento que agobió a Martí aquella noche es fácil
de comprender. El dolor por el país, por la patria perdida, le impedía al
ciudadano, al poeta, al hombre, entrar a un recinto adornado con la bandera que
representaba al opresor. No era una cuestión de odio, era honor, era vergüenza,
era dignidad.
Un siglo y cuarto después el mismo país vive bajo una
dictadura, no menos aberrante por ser, esta vez, cubanos sus dirigentes. En los
últimos años soplan vientos de reconciliación, Muchos artistas residentes en la
Isla viajan a actuar a Estados Unidos, a Miami en particular. Soy solidario con
ellos, asisto a sus actuaciones y coopero con muchos eventos porque entiendo
que son tan victimas o más que los que no vivimos en Cuba. Vivir en Cuba no
significa simpatizar con el régimen. Aunque si hay algunos que simpatizan y cooperan,
las pruebas están ahí, fáciles de obtener en youtube, en la internet.
El Flamingo Theater Bar aquí en Miami, anuncia próximamente
una actuación de Candido Fabré, un cantante cubano a quien hemos visto
innumerables veces cantarle a Fidel y a Raúl, más que cantarle arrullarlos con
elogios y pleitesías. Candido está en todo su derecho a ser cándido con los despotas. Como es mi
derecho no asistir a un evento donde se presente él o ninguno de los que adoren
a quienes yo considero culpables de la tragedia de una nación. No participo en ningún
tipo de acto contra su presencia aquí, esos actos me parecen abominables. Pero
no señor Fabré, mi dinero me lo gasto con gusto disfrutando de un artista cubano
local que tiene el alma trémula y sola y a sus espaldas la carga y la dignidad de
vivir alejado de su tierra y de su gente por culpa de aquellos a quienes usted les
canta las mañanitas.
No es cuestión de odio. Es por honor, por vergüenza,
por dignidad, que yo no puedo entrar.
Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque sin está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.
El banderón de la acera;
Porque sin está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.
Tuesday, September 27, 2016
El envenenamiento de Pupú.
− ¡Se enveneno Pupú, se envenenó Pupú! -
Gritó Mirta Corredera. Su voz chillona retumbó en el batey del Central
Mercedes, penetró por las puertas, ventanas y hendijas de las viejas casas de
madera, descascarando la reseca pintura y espabilando el olvido colgado de las
telarañas desde los tiempos del Machadato. − ¡Se envenenó Pupú, se envenenó
Pupú! - Gritaba mientras corría de un lado a otro, llevándose una mano a la
desgreñada cabellera, mientras que con la otra, sujetaba un mugriento delantal de cocina a la
altura del pecho. – Yo sabía que ese muchacho iba a cometer una barbaridad. -
Dijo mi madre sin abandonar su faena hogareña. Yo di un salto, dejé a un lado
mi tarea de quinto grado y me calcé un par de tenis a toda prisa.
Los problemas
matrimoniales de Gilberto Crespo y Cira Grillo Cruz, comenzaron en el noviazgo,
mucho antes de que Cira, ya casada, aceptara montar en el camión de volteo
color rojo marca Chevrolet del año 1953 de Rafael Martínez. El viaje de Colón a
Mercedes, incluyó una escala entre verdes y apacibles cañaverales. Dentro de la
apretada y calurosa cabina, los cuerpos sudorosos y desnudos de Cira y Rafael
se unieron en una danza lujuriosa, a ratos violenta, a ratos pausada, que
empañó los vidrios y trucó los relojes.
Gilberto Crespo a
quien todos apodaban Pupú, se acercaba a su cuarta década de vida, era un
hombre fornido, de recortada estatura, velludo como un oso, de incipiente
calvicie, honesto y trabajador. Con la ayuda de una de sus hermanas como mensajera,
enamoró a Cira, ella desprovista de opciones, aceptó. Él pidió permiso a los
padres de la muchacha para visitarla. Cira era una guajirita delgada de
apariencia tímida, mirada escurridiza y algo introvertida. Dos veces por
semana, después de una larga jornada de trabajo, hacía el recorrido a pie,
desde el Central Mercedes hasta la lejana casita de campo de su novia. Dos
sillones de madera colocados en una esquina de la diminuta sala, fueron
testigos de aquel noviazgo. Nada más llegar Pupú, recostaba arrobado la cabeza
en el hombro de Cira, y a los pocos minutos se quedaba profundamente dormido.
Sus ronquidos, imperceptibles al principio, iban ganando sonoridad, hasta
convertirse en un estruendo insoportable, que hacía parpadear la luz de los
quinqués y azoraba las gallinas dormidas desde temprano en las ramas de los
frondosos atejes. Cira no solo soportaba aquel desafinado concierto, sino que
cuidadosamente para no despertarlo, se cubría el hombro con una toallita, para
que la baba de su novio no le empapara la pulcra blusa. Pupú pasó más tiempo en
los brazos de Morfeo que en los de su amada.
Con sus propias
manos, construyó una pequeña casa, la amuebló con tanto entusiasmo como mal
gusto. Con una sencilla ceremonia celebraron la boda. Pupú era feliz, Cira no.
Eran la comidilla del pueblo, según las malas, las buenas y las peores lenguas,
Pupú era rudimentario en el arte de hacer el amor y como las desgracias no
andan solas, era además, eyaculador precoz. Aquel primer viaje en el camión de
Rafael fue el catalizador para una desgracia. Cansada de viajar a Colón varias
veces por semana a encontrarse con su amante, Cira optó por quedarse en casa,
donde ya era frecuente ver aparcado el camión rojo de Rafael.
Cuca, la vecina,
parapetada detrás de sus espejuelos de marco oscuro y ventanas entreabiertas,
con el corazón acelerado, escuchaba casi todas las tardes el festín de los
amantes, - Grita como si la estuviesen matando. -Le comentaba a un grupo de
vecinas chismosas que insistían en conocer los pormenores de aquellos
encuentros.
− ¡Es un gran
amigo de la familia! Contestaba Pupú, cuando algún jodedor del pueblo le
preguntaba maliciosamente por aquellas frecuentes visitas.
– Y tú, un
perfecto tarrú. - Comentaban ellos a su espalda. Cira no logró, o no quiso
soportarlo más y lo abandonó.
Era frecuente
verlo en el barrio, de casa en casa, llorando como un niño, contando su
infortunio y rogando a los vecinos para que intercedieran para que ella
regresara a casa. Cira no solo se negó a regresar, le confesó a su mejor amiga
detalles íntimos de aquel idilio, la gran diferencia entre su marido y su
amante. − Con Rafael he aprendido para que me parieron. Dijo huérfana ya de
pudor. Cambio su semblante, su carácter y hasta el modo de caminar, era, sin
lugar a dudas, inmensamente feliz.
− Corran,
corran-seguía gritando Mirta. Exhausto llegué al portal de la casa donde ya se
agrupaba un gran número de vecinos. En sus rostros, en la conversación solemne
y en los susurros se adivinaba la pesadumbre de la muerte. Empujado por la
curiosidad, atravesé el umbral y me dirigí al grupo que dentro del cuarto
rodeaba la cama. Asomé la cabeza entre los allí reunidos y la brisa nocturna
que entraba por la ventana trajo hasta mí un horrendo hedor a vómito y mierda.
El cuarto presentaba un estado lamentable, sobre la rustica mesita de noche, un
cenicero rebosado de colillas anunciaba una marca de cerveza ya desaparecida.
Las manchadas cortinas, confeccionadas con sacos de harina, se mecían como
espantadas de aquella nube fétida. Un calendario, colgado de un oxidado clavo,
mostraba la fecha, martes 22 de marzo de 1966. De un tubo de metal, atado con
alambres a las vigas del techo, colgaban en desarraigo las pocas prendas de
vestir pertenecientes a Pupú. Desde un portarretrato enmarcado en calamina, una
foto de Cira, lozana, joven y sonriente, era mudo testigo de aquella escena.
Sobre la cama de estrujadas y percudidas sabanas, yacía el cuerpo inerte de
Pupú, embarrado en una sustancia viscosa devenida de sus propios intestinos. Rebosados
hasta la fina franja azul del borde superior, dos bacinillas de esmalte blanco
obstruían el acceso al lateral de la cama.
Fueron necesarios
seis hombres para levantar aquel desvanecido cuerpo y trasladarlo, a
intervalos, del cuarto al comedor, del comedor a la sala, de la sala al portal
y del portal al auto de alquiler que esperaba en el oscuro callejón. A duras
penas lograron introducirlo en el asiento posterior. Casi en puntica de pies yo
observaba por la ventana del auto el cuerpo inerte tirado a la larga. Lo vi
abrir un ojo, abrir el otro, sacar el brazo derecho que le había quedado
doblado bajo el peso del cuerpo. Aquella posición inicial era muy incómoda para
dar el viaje de 15 kilómetros hasta Colón. − ¡Está vivo, está vivo!- Grité a
todo pulmón. Después de proferir un: − ¡Ay María Santísima! Mirta Corredera
sufrió un desmayo, víctima de la desnutrición, más que de los nervios.
El auto partió,
veloz, dejando la multitud envuelta en una nube de polvo, sombras nocturnas,
esperanzas y conjeturas.
Las
investigaciones de los médicos y las realizadas en el lugar de los hechos por
amigos y vecinos, corroboraron lo que muchos sospechaban, todo había sido un
simulacro. Un purgante de Palma Christi y un leve enjuague bucal con mata rata,
fue lo que utilizó Gilberto Crespo para atentar contra su vida. Esa misma
noche, Pupú fue dado de alta del Hospital de Colón y regresó a casa. Cira jamás
regresó.
Thursday, September 22, 2016
Desayuno.
Las veo
avanzar lentamente por el pasillo del restaurante. Cada una carga en sus manos
el peso de una bandeja con el desayuno y sobre sus hombros, sobre sus cuerpos, el
implacable peso de al menos ocho décadas de vida. Las cabelleras blancas, la
piel arrugada, los ojos marchitos de tanto mirar, pero en sus labios, en sus
mustios labios, dos diáfanas sonrisas. Paso a paso llegan hasta la mesa continua a la
mía, con dificultad, depositan sus respectivas bandejas en un lento y
tembloroso ritual. Cada gesto, cada movimiento aparenta ser un sacrificio y un
triunfo al impedimento que la avanzada edad les provoca. Se sientan a la mesa, y suspiran exhaustas al
unísono.
Sunday, June 19, 2016
Dia del padre.
Viejo, hoy es el día. Ese día que han escogido para
celebrar, agasajar y felicitar a los padres. Desperté pensando en ti. Yo
siempre pienso en ti, sea o no sea el día de los padres. Muchas cosas han
cambiado desde aquel 4 de noviembre del año 83 del siglo pasado en que se apagó
tu vida entre las sabanas blancas de una cama de Hospital en Lake Worth. Fue
una dura batalla contra el cáncer. Te venció, pero lo venciste, él también
murió contigo.
Pero no es eso lo que quiero recordar hoy. Te quiero
recordar alegre, risueño, vivo. Te quiero recordar montado a caballo, dándole
vueltas en tu mente a una idea, a un negocio, a la forma de progresar y
prosperar. Quiero recordar tu tenacidad, tu gran sentido del humor. Tu audacia,
montándote por primera vez en un avión, con 62 años, para salvar mí futuro. Coño
viejo, yo tenía que salir al menos regular, porque malo no me diste ejemplo ni oportunidad
para que saliera.
Te quiero recordar en familia porque en familia vamos
a estar dentro de un rato. Tu hijo tiene hijos. Tres más, además de aquel
pequeñito que alcanzaste a conocer. Esos hijos a su vez comienzan a tener hijos. Por ahí anda una
pequeñita de tez morena y firmes decisiones. ¡Si la vieras! Tiene el ADN Grillo
cifrado en el carácter.
Quiero recordar además de tu tenacidad tu gran sentido
del humor. Siempre me rio de la forma que contabas la anécdota del día que te
atropellaron en Madrid. Intentaste cruzar la Avenida de la Albufera para
reunirte con mi madre que compraba en una tienda. Viste un espacio, una
oportunidad detrás de lo que creíste era último coche y te apresuraste a
cruzar. No te cercioraste que detrás de de aquel coche venia un motorista.
Sentiste el impacto y cuando abriste los ojos tenias un enorme molote de gente
a tu alrededor. Una moto en el suelo aun girándole las gomas y un señor con un
casco que te ayudaba a incorporarte, te alcanzaba las gafas y te preguntaba, −
¿Se dio golpe señor? Estabas de pie, no te había pasado nada. Al
fin encontraste a la vieja, comprando distraída dentro de la tienda.
– ¿Oíste Miguel? ¡Arrollaron a uno allá afuera!
−Dame tu mano Carmita− Le dijiste, tomándole la mano y
llevándosela a tu cabeza.
− ¿Y ese chichón?
−Nada, tonta, que el arrollado fui yo…
Viejo hoy es el día. Ese día que han escogido para
celebrar, agasajar y felicitar a los padres. Desperté pensando en ti. Yo
siempre pienso en ti, sea o no sea día de los padres. No puedo abrasarte, no
puedo besarte, pero puedo escribir esta nota llena de agradecimiento, respeto, admiración
y orgullo. ¡Felicidades José Miguel Grillo Martin! ¡Felicidades mi viejo!
Wednesday, May 25, 2016
Scarramuza.
Se
puede hablar de “6 de Agosto” sin hablar de él. El olvido, el ostracismo, son
herramientas útililes de las dictaduras. Los jóvenes no saben, ni les interesa quien
fue. Pero no podemos hablar del Central Mercedes, sin hablar de Scaramuzza.
Luis Cayetano Scaramuzza Pandini nació en Buenos
Aires, Agentina, el 22 de enero de 1901. Llegó a Cuba en 1923 junto a sus
padres de origen italiano y se radicaron en el central Jaronú, provincia de
Camagüey. Joven de buen humor y talento, llegó a ser un hombre de una dimensión
científica muy notable.
No existe otra personalidad de las ciencias agrícolas en Cuba que haya llevado, personalmente, el conocimiento de la entomología a tantos países: Estados Unidos, Canadá, México, Colombia, Venezuela, Guyana Inglesa, Perú, Brasil, Argentina, Honduras, Trinidad, Antigua, Hawai, India.
Después de la introducción de Rodalia cardinalis (1920) y Eretmocerus serius, la avispita de la India (1930), el acontecimiento más relevante del control biológico fue la primera campaña desarrollada por Scaramuzza con la mosca cubana (Lixophaga diatraeae Towns) control nativo del bórer de la caña de azúcar Diatraea saccharalis Fab.
Después de su biología de Lixophaga emprende
una carrera vertiginosa para la búsqueda de una solución al control del bórer
como plaga dañina. Comienza sus primeros viajes a la Florida y al inicio de la
década contrae matrimonio con María Magdalena (1932), y cuando llega al central
Mercedes lo hace en compañía de sus pequeños hijos Luis Francisco y Magdalena
Dolores.
La convulsa década del treinta no lo
desvía de sus objetivos científicos: participa en la introducción de Paratheresia
y demuestra su solidez de conocimientos.
Después de su viaje por el Amazonas, su participación en el IV Congreso del ISSCT en Louisiana y la introducci ón de Metagonistylum, nos encontramos un Scaramuzza que ha terminado la etapa de consolidación de su brillante carrera, y es líder de la entomología aplicada a la lucha contra el bórer o perforador.
Finalmente participa en la introducción de Metagonistylum en la Guyana Inglesa. A solicitud de Myers asiste al IV Congreso del ISSCT y alcanza la presidencia de la Sección de Agricultura en la XIII Conferencia del ATAC de 1939.
En la primavera de 1945 la Compañía Atlántica del Golfo lo nombró su entomólogo, procediendo a organizar una intensa campaña de control biológico del bórer en los centrales Conchita y Mercedes. Para ello tuvo el auxilio de Jorge Fernández, maestro agrícola de la Estación Experimental Agrícola y comisionado por el ministro de Agricultura, que mostró interés por esta iniciativa privada.
En octubre de 1945 Pandini se hizo protagonista de un hecho sin precedentes en la historia de la sanidad vegetal en Cuba: la apertura del primer laboratorio de control biológico en el batey del central Mercedes. El mérito de establecer y desarrollar una tecnología de reproducción de la mosca cubana lo llevó a planos internacionales.
Conocedor de cinco idiomas, español, inglés, portugués, francés e italiano. Pudo más fácilmente proveerse de una cultura universal que enriqueció con su fabulosa expedición de seis meses por los intrincados afluentes del río Amazonas en su búsqueda de material biológico exótico que aún se conserva como patrimonio en su casa del batey del central Mercedes. En la comunidad donde vivió quedan sus huellas, su casa y el laboratorio que en octubre de 1945 abrió sus puertas al mundo cañero de América continental y el Caribe.*
* Nota del autor.
En la comunidad donde vivió Scaramuzza, el central Mercedes, no queda reconocimiento alguno para este gran científico, ya no queda ni el central azucarrero.
Después de su viaje por el Amazonas, su participación en el IV Congreso del ISSCT en Louisiana y la introducci ón de Metagonistylum, nos encontramos un Scaramuzza que ha terminado la etapa de consolidación de su brillante carrera, y es líder de la entomología aplicada a la lucha contra el bórer o perforador.
Finalmente participa en la introducción de Metagonistylum en la Guyana Inglesa. A solicitud de Myers asiste al IV Congreso del ISSCT y alcanza la presidencia de la Sección de Agricultura en la XIII Conferencia del ATAC de 1939.
En la primavera de 1945 la Compañía Atlántica del Golfo lo nombró su entomólogo, procediendo a organizar una intensa campaña de control biológico del bórer en los centrales Conchita y Mercedes. Para ello tuvo el auxilio de Jorge Fernández, maestro agrícola de la Estación Experimental Agrícola y comisionado por el ministro de Agricultura, que mostró interés por esta iniciativa privada.
En octubre de 1945 Pandini se hizo protagonista de un hecho sin precedentes en la historia de la sanidad vegetal en Cuba: la apertura del primer laboratorio de control biológico en el batey del central Mercedes. El mérito de establecer y desarrollar una tecnología de reproducción de la mosca cubana lo llevó a planos internacionales.
Conocedor de cinco idiomas, español, inglés, portugués, francés e italiano. Pudo más fácilmente proveerse de una cultura universal que enriqueció con su fabulosa expedición de seis meses por los intrincados afluentes del río Amazonas en su búsqueda de material biológico exótico que aún se conserva como patrimonio en su casa del batey del central Mercedes. En la comunidad donde vivió quedan sus huellas, su casa y el laboratorio que en octubre de 1945 abrió sus puertas al mundo cañero de América continental y el Caribe.*
* Nota del autor.
En la comunidad donde vivió Scaramuzza, el central Mercedes, no queda reconocimiento alguno para este gran científico, ya no queda ni el central azucarrero.
Tomado de: SCARAMUZZA PANDINI: UNA PERSONALIDAD
EN LA HISTORIA DE LA SANIDAD VEGETAL
Nilo Fernández Mariño
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