Monday, October 13, 2014

Teo.





Familia Gonzalez. Bar/Cafeteria Hogares. Madrid (1969)
 
A pesar de los intentos de Teo por evitarlo, la fina copa de cristal se hizo añicos contra la pared exterior del edificio. Su contenido dejo una mancha oscura en la superficie de ladrillos rojos e inundó la tarde madrileña de olor a brandy. 
Conocí a Teófilo Saguar una tarde primaveral de 1971. Él, alternaba con un grupo de amigos en el Bar/Cafetería Hogares. Del otro lado del mostrador, yo me ahogaba en las inseguridades de un chaval de catorce años recién exiliado, en su  primer día de empleo, que se asomaba con timidez a una nueva vida en un Madrid muy lejos y muy distinto del verde entorno del campo cubano que lo vio nacer.
Teo, como le llamaban sus amigos, el señor Miranda y el señor Willy, componían aquel grupo de amigos que entre copas, aperitivos, cigarrillos, risas y bromas, disfrutaban unas horas de juerga. Español en la mitad de su tercera década de vida, Teo era fornido, de incipiente calvicie, pelo corto y rizado, trabajaba en la redacción del diario ABC y era vecino de la Colonia Hogares, barrio que le daba nombre y donde estaba radicado el negocio regentado por la familia González, donde yo torpemente ejecutaba mi primer día atendiendo el bar.
Aquella tarde, se desató entre los amigos una disputa. Miranda y Willy, protestaban enérgicamente ante Modesto el hermano mayor de los González, administrador del negocio, por permitirle a Teo mantener en el Bar una copa personal de tamaño mayor a las demás, donde se le servía brandy Magno, su licor favorito. La copa termino destrozada. Yo miraba espantado aquel drama y temí una escalada en las acciones y un final belicoso. Pero la sangre no llego al río. La velada prosiguió sin mayores contratiempos. Los amigos la pasaron de maravilla. Cayendo la tarde se despidieron con abrazos y promesas de encontrarse a la misma hora, en el mismo sitio, el próximo día. Antes de marcharse, Teo se me acercó para pagar la cuenta y notando mi incertidumbre, con voz grave me dijo, − No te preocupes chaval, que todo te irá bien. El próximo día se apareció en el bar con una copa nueva de mayor tamaño que la anterior.
Teo era un asiduo cliente y gran amigo de Modesto. Después de cerrar el bar, en las madrugadas, Modesto me llevaba en su coche hasta mi casa en el barrio de Vallecas. Él y Teo proseguían de juerga por distintos centros nocturnos de Madrid. Aunque no trabajaba en el Bar, su presencia y la amistad con Modesto lo hacían parte del equipo. En noches de bronca, que aunque no abundaban ocurrían de vez en cuando por los excesos del alcohol, actuaba como un agente de seguridad. Más de una vez lo vi poner orden y batirse a puñetazos a favor de la casa. Aunque bebía mucho, jamás lo vi perder el control ni faltar al respeto. Solterón empedernido, sentía una atracción especial por Araceli, hermana de Modesto y mi compañera de labores detrás de la barra.
Teo se convirtió en uno de mis mejores clientes y amigo. Los meses pasaron y paso mi torpeza detrás de la barra. La paciencia y las enseñanzas de Araceli, fueron la clave en mi desarrollo laboral. Adquirí la habilidad, confianza y el conocimiento necesario para mantener aquel empleo por casi tres años, hasta mi salida hacia mi destino final, Estados Unidos.
La calidad de los mariscos y la dedicación de toda una familia, hacían de aquel sitio el lugar de mayor clientela en la zona. Los fines de semana eran agotadores. Atendíamos cientos de parroquianos que en unión de sus familias pasaban horas de esparcimiento, degustando exquisitos platos y bebiendo buen vino. Esos días de mucho trabajo, todos los hermanos ayudaban en el establecimiento. Las hermanas más pequeñas, Raquel y Amelia, eran enviadas a dar una mano. Se encargaban de tareas menores, como realizar los cobros en la caja. Fue allí donde conocí a Amelia, la hija menor de Don Fausto, el patriarca de los González, un hombre de carácter serio y firme por el cual todos sentíamos un enorme respeto.
 Amelia era una hermosa joven de mi edad. De tez blanca, ojos almendrados, cabellos negros y una sonrisa noble y diáfana. Su presencia me producía un sentimiento raro, un salto en el estómago. No tardé en descubrir que aquella sensación era un sentimiento y en encontrarle su justo nombre. No sé cómo pude reunir el valor para decirle lo que yo sentía. Conspiraban contra mí, muchas cosas, o al menos eso creía yo. El inmenso respeto o miedo a Don Fausto y a Modesto, la gran diferencia económica y social eran parte de mi lastre mental y complejo de inferioridad. Si todo lo anterior era poco, también conspiraba y competía Nico, un españolito recortado de estatura y regordete, cliente del Bar, que se moría por Amelia sin decírselo.

Comenzamos a salir a escondidas. Nos veíamos los miércoles, mi único día libre. Un férreo manto de secretismo cubría aquella relación pura, bella y juvenil. Nos queríamos como se quieren dos críos. Asistíamos al cine, al teatro y esporádicamente y gracias a la generosidad de Vicente Alcolea a una de las discotecas de mas nombre en el Madrid de aquella época, New Sunset. Un miércoles para olvidar fue aquel en que caminábamos por el centro de Madrid abrazados. Charlábamos animadamente y distraídos hasta que chocamos de frente con Teo. La Gran Vía se hundió bajo mis pies, la silueta de los edificios danzaban a nuestro alrededor, portales, vidrieras, ventanales, giraban en aquella centrifuga proyectando sombras sobre nuestros cuerpos. Los latidos del corazón se mudaron a mi cabeza y unido al de los coches que transitaban la ancha avenida, amenazaban con hacérmela estallar.
−Hola Amelia, hola Miguel - dijo Teo con el semblante contraído.
− Ho, ho, hola - respondí yo, tartamudeando y en un tono inaudible.
Eso fue todo lo que dijo, eso fue todo lo que dije. El, prosiguió su camino en sentido contrario. Yo me quede allí, mudo, como de piedra. Cuando me retorno el alma al cuerpo, ya Teo se había perdido entre los transeúntes.
− Espérame aquí por favor - le dije a Amelia, y salí a buscarlo.
Le di alcance a dos cuadras. Tratando recobrar el aliento y el valor le hablé.
− Teo, por favor, esto que usted ha visto aquí hoy, le ruego que quede entre nosotros.
Me miro, con la mirada dura, penetrante. Los segundos se me antojaron horas. Al fin habló.
− Miguel, yo soy un hombre y por lo que veo tu lo eres también.
Lentamente extendió su diestra, me estrecho la mano firmemente y se fue.
Amelia y yo proseguimos nuestro camino llenos de conjeturas y miedo. Pasaron los días, meses y los años, Teo no dijo ni una palabra. Nuestra relación se mantuvo secreta hasta mi partida hacia Estados Unidos. El arribo de las primeras cartas puso a la familia al tanto de los hechos. Mi promesa de regresar en un año, no se concretó. El tiempo y la distancia se encargaron de ponerle fin a nuestra relación.
Pasaron treinta y dos años. En el verano del 2005 regresé por primera vez a Madrid acompañado de mi familia. Me esperaban los hermanos González, con quienes había mantenido contacto durante mi larga ausencia. De los seis hermanos, solo faltaban, José Luis que vivía en Francia y Amelia que vivía en Londres.
Por mediación de Modesto contacte a Teo.
− ¿Donde estas Miguelillo? - me pregunto con alegría a través del teléfono.
− Camino a Las Ventas. Vamos a ver una corrida de toros.
− ¡Pues allá nos vemos hombre!
Modesto me lo señaló. Caminando encorvado entre los tendidos, asistido por un bastón. Los años y la vida se le notaban. El abrazo fue prolongado y efusivo. Me separó por unos segundos para volver a abrazarme y decirme, − ¡Miguel, estas hecho todo un tío!
Terminada la corrida, fuimos a cenar en El Botín. En la Plaza Mayor, nos quedamos rezagados del resto del grupo, charlando de mil cosas pendientes. Fue allí donde Teófilo Saguar me hizo la pregunta que probaría la solidez de su carácter y el valor de una amistad que ha perdurado por el resto de nuestras vidas.
− ¿Miguel, tú crees que ya le puedo decir a Modesto que te vi con Amelia?  

Con Teo en la Plaza Mayor. (2005)


Teo y yo, en el lobby del Hotel. (2005)
   

Friday, September 12, 2014

Mi primer negocio y una lección.



− Migue, míralos bien y escoge uno. Ese es tu regalo de cumpleaños.
Estábamos montados en Princesa, una yegua mora y observábamos un lote de añojos Cebú que curiosos habían hecho un círculo alrededor nuestro.
− No te apures, fíjate bien en sus características, recuerda lo que te he dicho y escoge el que más te guste.

José Alejandro Grillo Martín, Pipe Grillo, como todos llamaban, era el mayor de los hermanos Grillo,  administraba desde la muerte de sus padres la finca propiedad de la familia. Hombre robusto, de carácter serio, desarrolló desde temprano avidez y conocimiento en el mundo de los negocios, especialmente en la ganadería. Bajo su dirección el negocio familiar prosperó. Allí pastaba el mejor ganado Cebú de la región. La producción de caña de azúcar vendida al Central Mercedes alcazaba altos índices de rendimiento. La finca Esperanza y Sumidero, enclavada en la llanura de Colón, Matanzas, Cuba, era una productiva gestión familiar de solamente 24 caballerías de tierra (320 hectáreas) propiedad de siete hermanos.
 
− Dime, cual. Volvió a repetir mi tío Pipe.   
− Tío, a mi me gusta aquel. Y señalé con el índice un hermoso ternero de color blanco acerado y tonos oscuros, de incipiente pelota y lomo recto.
− ¡Muy buena elección! ¿Cómo lo quieres nombrar?
− El Chino. Dije sin titubear
− Pues ese es tuyo y se llama El Chino.

Desde ese momento seguí con detenimiento el desarrollo del animalito. Me enorgullecía verlo pastar en los potreros, o entrar en los corrales para ser desparasitado. Todos se referían a él como “el Chino de Miguelito”.

− Tu tío quiere hablar contigo. Te está esperando en la oficina. Me dijo mi tía Digna unos meses después y me señaló en dirección al escritorio donde la figura de tío Pipe manipulaba una carpeta llena de papeles. Después del riguroso beso como saludo, Pipe me señaló una silla y me dijo: −Siéntate, tenemos que hablar de negocios.
La solemnidad del momento me hizo tragar en seco. Nunca le temí a Pipe, sentía por él un extraordinario cariño, gran respeto y admiración.
− Migue, Ñico Rosado vino a comprar un torete para padre y se enamoró del tuyo. Cometí un error, se lo vendí sin tu conocimiento, sin tu aprobación y sin saber cuánto tú querías por él. Ahora tengo que arreglar cuantas contigo. En este sobre esta el dinero de la venta, dime cuanto tú quieres por él para pagártelo. Si pides más de la cantidad en que yo lo vendí, pierdo yo, si pides menos pierdes tú. −  Piénsalo bien y dime.
No me acongojó la venta del torete, si algo aprendí de mi padre y de Pipe fue a no enamorarme jamás de un animal comercial. “No son una mascota” siempre me explicaron. Otra lección de negocios que aprendí de pequeño fue: “si te compran vende, si te venden compra.”
Puse, o intente poner cara de hombre de negocios, pero mi respuesta fue la respuesta de un niño de mi edad.
− ¿Te parece bien un peso?
− Al que tiene que parecerle bien es a ti. Atestiguó Pipe.
− Si, me parece bien. Dije resuelto y feliz.
Pipe abrió el sobre y extrajo un reluciente billete de un peso.
−Aquí esta. Ahora, vamos a dar una vuelta por los potreros.
 
Salimos a lomo de Princesa a darle una vuelta al ganado. A la sombra de un frondoso jagüey, extasiados por el majestuoso verdor de los potreros y la calida brisa campeste, Pipe me pregunto.
− ¿Quieres saber en cuanto le vendí tu torete a Ñico?
− ¿En cuanto tío? Pregunte con curiosidad.
−Se lo vendí en 235 pesos. Si me hubieses pedido una suma superior no me hubiese quedado más remedio que pagártela. Y añadió. − Eres solo un niño, no sabes aun el valor real de las cosas, algún día las sabrás y valoraras esta experiencia y esta enseñanza.
Confieso no haberle hecho mucho caso a mi tío en aquel momento. Marche a casa contento con mi reluciente billete de un peso. Cuando le hice el cuento a mi padre, sonrió y exclamo, − ¡Las cosas de Pipe!
Han pasado más de medio siglo de “mi primer negocio.” Hoy encontré una vieja foto en blanco y negro. En ella estamos, Pipe y yo sobre Princesa. Es curioso, en esa pose fue precisamente donde recibí, los primeros y mejores consejos y enseñanzas. Hace muchos años llegue a la conclusión de que aquel fue, aunque parezca descabellado, mi mejor negocio. La lección aprendida tiene un valor muy superior a los 234 pesos de diferencia entre su venta y la venta mía.       

Wednesday, September 10, 2014

!Se llamaban!




El 6 de Agosto de 1960 a solo veinte meses de alcanzar el poder, en el acto de clausura  del Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes, Fidel Castro nacionaliza todas las empresas norteamericanas existentes en Cuba. Unos meses antes había hecho un periplo por la Unión Soviética donde se fraguaron pactos y acuerdos secretos. La propaganda castrista se ha empeñado en hacernos ver que la culpa de la radicalización del proyecto revolucionario la tienen las políticas de Estados Unidos y no las intenciones totalitarias que albergaba desde el principio el joven líder. Fidel necesitaba un enemigo foráneo y un aliado fuerte, convertirse en un satélite de la Unión Soviética le brindaría ambas cosas.

Primero fueron las empresas norteamericanas, después los latifundios, mas tarde las empresas medianas y pequeñas, hasta llegar a prohibir la mas mínima gestión de propiedad privada. Han pasado cincuenta y cuatro años de aquella fecha. Es conveniente ver y escuchar con atención el video. Un pueblo enardecido, al mencionar Fidel el nombre de la empresa nacionalizada, grita: “se llamaba.” Cada “se llamaba” era una un voto, un cheque en blanco para que el pichón de tirano se robara los destinos de toda la nación. En los días siguientes en La Habana se realizaron entierros simbólicos. En un derroche de entusiasmo popular el pueblo cargó en sus hombros a toque de conga ataúdes que llevaban escritos el nombre de las diferentes empresas arrebatadas a sus legítimos dueños. Muchos no lo sabían entonces, pero más de medio siglo después, la historia nos ha demostrado que cada uno de aquellos ataúdes llevaba realmente escrito un solo nombre, el nombre de un país, Cuba.

 

Friday, September 5, 2014

Dos torres.



“Algunos vecinos del lugar me contaron que en ocasiones se oyen ruidos sordos alrededor de las bases de las torres y que se deben a que pedazos de gran tamaño caen sin avisar previamente, por lo que merodear o curiosear por esa zona no parece muy recomendable.”
Las ví incontables veces desde la distancia, altas, erguidas altaneras, silenciosas. Aprendí a calcular la hora del día, según la posición de sus alargadas sombras sobre el batey del central. Fueron mi faro, mi guía, cuando empinado las divisaba en la distancia desde un claro del monte. El contraste del humo negro que expulsaban en tiempo de molienda con el azul del cielo cubano, aun vive en mi recuerdo. Las torres de Central Mercedes fueron el horizonte de mi adolescencia en la Finca Esperanza y Sumidero.
Es todo lo que queda de lo que un día fue una productiva empresa. Ayer recibí un correo con una foto y un pequeño comentario. Las volví a ver. Hace muchos años que su oscuro mensaje de productividad no inunda el cielo de mi pueblo. Solas, abandonadas, han comenzado a sumarse al destino de toda una nación, han comenzado a ceder al abandono y la desidia. Se me nublaron, no como en días de mi niñez detrás de la cortina de un torrencial aguacero, se me nublaron perdidas en una tormenta de dolor y lagrimas.   

Thursday, September 4, 2014

Cuéntame.

Desi, Clara y una amiga.
Ninguna serie de televisión me ha impactado tanto cómo, Cuéntame cómo pasó. Trasmitida por TVE nos muestra la vida de una familia residente en un barrio de Madrid (San Genaro) la de sus vecinos y amistades. La serie comienza en el Madrid de finales de la década del sesenta y cubre toda la década del setenta, hasta el presente. Abarca los años que yo viví en Madrid, de ahí mi identificación con el argumento. La magnífica escenificación mostraba los más pequeños detalles de aquella época, autos y autobuses, taxis, buzones de correos, estancos de tabaco, bares. Nada escapaba de la ambientación. Hasta las bajillas de cristal utilizada en aquellos hogares eran exactas a la que algún buen samaritano le regaló a mi madre y utilizábamos en aquel pequeño piso de la calle Monte Urgull #15, donde vivimos nuestros primeros años de exilio. 
Miguel, Clara, Desi y Antonio.
La serie muestra también el diario bregar de la clase obrera en un Madrid y en un país que se acercaba, con incertidumbre y preocupación al fin del régimen de Franco. Yo no lo sabía entonces, pero desde la barra del Bar/Cafetería Hogares donde laboré aquellos años fui absorbido por aquella cultura, hasta el punto de verme más tarde reflejado en el drama de alguno de los personajes de Cuéntame.
Uno de los personajes, Desiderio Quijo, Desi para los sus amigos y seguidores de la serie, interpretado por el veterano actor Roberto Cairo, murió el pasado jueves 28 de agosto, víctima del cáncer de pulmón. Tenía solo 51 años. Jovial, eterno buscavidas, Desi dejó como tantos españoles, su pueblo natal para radicarse en el Madrid de las oportunidades. Solterón, dueño de un tallercito de venta y reparación de efectos eléctricos, rompe los cánones de la época  enamorándose y casándose con Clara, una madre soltera vecina del edificio. Su relación de amistad con Antonio, protagonista de la serie, es una amistad para toda la vida. Desi y Antonio Alcántara comparten penas y glorias, son confidentes y más que amigos, hermanos.
Desi y Ramon.
Nombres como: Araceli, Raquel, Fausto, Amelia, Modesto, Willy, Miranda, Arturo y Teo forman parte de un celuloide afectivo, mental y real que formo mi vida de 1970 a 1973 y que nada como Cuéntame ha logrado recrear. Irrepetibles e inolvidables momentos viví junto a ellos. La vida me ha dado la oportunidad de agradecerles a los personajes de mi propia serie por el cariño dado al chaval que fui. Es solo justo que esta nota arrope a todos los Desis de mi vida y a este último que por medio de su genial interpretación logro llevarme de regreso a memorables días. Desi, mil gracias por contarme o más bien recordarme cómo pasó.


Friday, August 22, 2014

Cubanerias del idioma.


La proximidad y la gran influencia que los Estados Unidos ejerció  durante años en la vida nacional cubana dejó una honda huella en nuestra jerga. Si dejamos los fanatismos nacionales a un lado, combustible para encumbrar cabrones, tenemos que reconocer que los norteamericanos nos organizaron y nos indicaron el camino como nación. Para saber la magnitud del asunto y como pequeña prueba basta recordar los enormes buzones de correos donde se podía leer fundida en acero la palabra US MAIL. Dejar la lacerante Emmienda Platt incrustada en la constitución es prueba de que, desde entonces podían imaginar la cargazón que en nombre de soberanía y auto determinación seriamos capaces de crear más tarde. 

Podemos decir que la influencia y la estrecha relación Cuba/USA duro sesenta años.  En Cuba se utilizaron y aun se utilizan una gran cantidad de palabras adaptadas al lenguaje nacional provenientes del idioma Ingles. ¿ O acaso no recordamos llamarle “cake” al pastel de cumpleaños y cantar “Happy Birthday”? Este costumbrismo lingüístico pario palabras como: Fotingo, guajiro, gringo y muchas otras. Una curiosidad es que esto no sucede con el idioma ruso, a pesar que la influencia soviética fue más corta, pero más profunda.

Desde hace tiempo oigo a las nuevas generaciones de cubanos referirse a un procedimiento medico con una palabra. –A la vieja le hicieron un  “somatom”.  Dicen refiriéndose al procedimiento donde se utiliza un equipo para realizar una tomografía computarizada o “CT Scan”. Nunca me había interesado en indagar sobre la dichosa palabrita. Hasta hoy, que fui víctima de un “somatomaso”  La compañía Siemens principal fabricante de equipos médicos de alta tecnología, fabrica “scaners”. El departamento de diseño de esta compañía nombró uno de sus modelos, el que se utiliza para tomografías de abdomen, SOMATOM. Acostados en la estrecha camilla, al ser introducidos por agujero que capta las imagines los cubanos leemos el nombre del modelo y eso es suficiente.



 
Otra frase, hiperbólica y popular resume el asunto: ¡Somos unos caballos! Con herraduras y todo, vale enfatizar.            



Sunday, August 17, 2014

Ahora que atacan tanto a los judíos.


Que haría usted en este mundo sin los judíos? *

¿Qué se siente al fracasar en esta lucha contra los judíos? ¿Por qué no gastan energías en algo más productivo que en odiar sin fundamento a los judíos?

Los judíos han sobrevivido a egipcios, babilonios, persas, griegos, romanos, otomanos, alemanes, soviéticos… ¿Por qué creen los que se manifiestan frente a la embajada de Israel que algún día ganaran la partida contra los judíos?

A 65 años del Holocausto, el pueblo judío tiene una nación floreciente y moderna en el mismo lugar que sus vecinos no consiguen más que miseria y desierto.

También todos los años un judío gana un premio Nobel, el 25% de los premios Nobel de la historia, 170 es judío. Todos estos que se manifiestan frente a la embajada Israelí odiando al judío, odian a la mitad inteligente de la humanidad…

Jesús era judío, y nunca renunció a su judaísmo. San Pablo de Tarso era judío, la Virgen María era judía, los Doce Apóstoles o los primeros papas de la Iglesia eran judíos.

Por cierto mis amigos socialistas, enemigos de los judíos, Karl Marx era judío, pero también lo eran los creadores filosóficos del capitalismo, Samuelson, Milton o Friedman. Si jugamos en la bolsa, se usan teorías de Markowitz, que era judío.

Ninguno de los que se manifiesta contra Israel puede acudir a ningún psicólogo (Freud era judío) tampoco puede tomar aspirina (Spiro era judío), tampoco pueden ser diabéticos porque tú me dirás… el creador de la forma de administrar insulina, Karl Landsteiner era judío. Tampoco pueden vacunarse contra la poliomielitis,  contra el cólera, ni contra la tuberculosis.

Ningún manifestante contra Israel puede ir vestido ya que Isaac Singer, el de la máquina de coser, ¿era?.... sí, judío.

Por cierto, eso de los pantalones vaqueros…. Levi Strauss era otro judío. Ralph Lauren o Donna Karan, los diseñadores de ropa, son judíos. ¡Ah! El micrófono con el que se lanzan exabruptos contra los judíos lo inventó un judío llamado Emil
Berliner. Y un tal Philip Reiss, también judío, trabajó en los aparatos de audición que sirvieron de base para el teléfono…
La primera máquina calculadora fue idea de un judío, Abraham Stern.
Las cerillas de fósforo también son cosa de un judío, Sansón Valobra.
Por cierto, en la manifestación nada que tenga que ver con las teorías filosóficas de Durkheim, Spinoza o Strauss aunque sean fundamentales para nuestra sociedad…

Kafka era judío, Albert Einstein era judío, Ana Frank…

Nada de utilizar Google ya que sus creadores, Larry Page y Sergey Brin son
judíos… Adiós Batman y Spiderman, porque Max Fleischer, el creador de Marvel Comics es judío.

Todos los manifestantes contra Israel habrán jugado con juguetes de cuerda
porque las pilas Energizer son cosa de Joshua Lionel….sí, judío.

Todos los jovencitos "pijoprogres" van a tener que tirar sus vídeo juegos SEGA, ya
que son cosa del judío David Rosen.

También se tienen que olvidar de los Helados Haagen-Dazs o de los Donunts.
Las guapas mujeres que se manifiestan contra los judíos tendrán que dejar de maquillarse ya que Esteé Lauder es…sí…judía… y Helena Rubinstein, por
supuesto nada de jugar con las muñecas Barbies.

¿Y que hay de los grandes directores de orquesta?

Ningún manifestante contra los judíos podrá ver ya ninguna película de la Metro Goldwin Mayer , o de la Warner BROSS , o el canal FOX, de Universal Studios, Columbia Pictures o Miramax. Por cierto, se acabó el alabar a Spielberg y sus películas o Stanley Kubrick, Roman Polanski, Oliver Stone…

Olvidemos a Wynona Ryder, a Sarah Jessica Parker, a Natalie Portman, Harrison Ford, David Duchovny, Paul Newman, Woody Allen, Dustin Hoffman, Kirk Douglas, Mel Brooks, Barbara Streisand, Billy Joel, Leonard Cohen, Paul Simon, Art Garfunkel, Lenny Kravitz…

Progresistas del mundo, dejen de ensuciarse las manos con productos judíos, medio mundo se lo debemos a los judíos…Seamos inteligentes ¡¡¡ por favor !!!

Por cierto: ¿Cuál es el único estado realmente democrático, moderno, occidental, limpio, laico… de todo oriente próximo, medio y lejano?...

¡¡¡Acertaste, I S R A E L !!!

Artículo tomado de la Internet. Gracias a Orlando Grillo.