Tuesday, November 15, 2011

LA REINA PIERDE SU CORONA.


by Miguel Grillo Morales on Wednesday, March 16, 2011 at 1:56pm
LA REINA PIERDE SU CORONA.
– “Vamos Grillo, quiero que conozcas la Reina”. Me dijo, en la primavera de 1995 mi inolvidable amigo Mario Díaz Brache. Y me la presento. Ubicada en la Avenida de la Confluencia, en la pintoresca ciudad de Jarabacoa, República Dominicana. La Reina consistía en una panadería y repostería donde eran elaborados por sus propietarios fundadores, un matrimonio cubano, excelentes dulces y las más deliciosas galletas cubanas de toda la región. La mayor parte de los clientes consistía en residentes de la capital, que escapaban a pasar los fines de semana, cerca del cielo, en la tranquilidad de la montaña, en una ciudad paradisiaca.

 Desde mi primera visita, advertí el potencial de aquel producto, su calidad y estudie la posibilidad de crear una distribución a nivel nacional, más allá de las estrechas fronteras establecidas por la imposibilidad y el cansancio de sus dueños originales. Unos años después sus fundadores, un matrimonio mayor, me comentaron su interés en vender y retirarse a Puerto Rico. Firmamos el contrato de compra venta. Mi primo Pepe Grillo se ocupo de renovar y administrar el negocio. La mayoría de los grandes supermercados nacionales acogieron a través de una campaña publicitaria el producto. Las ventas aumentaron un 400% y fue necesario automatizar el sistema manual y arcaico de producción, así como crear una red de distribuidores. Por varios años La Reina ocupo su trono y mostro reluciente y altanera su corona. Para facilitar la distribución, se llevo a cabo un estudio para abrir una fábrica en una ciudad más accesible, La Vega. En medio de aquel estudio, en el 2003 recibí una oferta de compra. La coyuntura de mi interés en alejarme un poco de los negocios, para disfrutar la vida y la de mi primo Pepe Grillo atender su familia, me hicieron tomar la determinación de vender.

Mi amigo John Márquez, su nuevo propietario, administro el negocio hasta hace exactamente siete meses. Cuando decidió mudarse a Estados Unidos para que sus hijos estudiaran. En manos de los familiares de su esposa, “talentosos” empresarios. La Reina no resistió seis meses y adjudico su corona. Ya me habían comentado que aquel otrora prospero lugar se convirtió en los últimos tiempos en un antro cervecero. No suelo mirar atrás, especialmente en los negocios. Pero no he podido evitar un embate de añoranza y romanticismo. Al conocer el triste final de una elegante Reina. Donde laboraron, a modo de aprendizaje mis entonces adolecentes hijos Alex y Michael. Que brindo sustento a muchas familias. Y de la que hoy, solo queda una triste y harapienta mendiga.

Monday, November 14, 2011

Acto de repudio.

Miguel Grillo Morales on Thursday, January 13, 2011 at 6:30pm

A Lázaro. Porque la barbarie jamas tendrá justificación.

No entendió, no entendía, solo sintió miedo, mucho miedo. Miro a sus padres y solo vio en sus rostros miedo, mucho miedo. Afuera, una muchedumbre enfurecida rujia y embestía las ventanas y la puerta. Toda la casa se estremecía a punto de desplomarse. El ruido era ensordecedor. Oyo los gritos de: “Pin pon fuera, que se valla la gusanera” Corrió a refugiarse en los brazos de su Madre, pero no se sintió seguro. Su Padre se levanto de la mesa para ir hasta la puerta, justo en el momento que esta cedió ante el empuje de la turba. Entro uno, entraron dos, entraron todos. Vio a su Padre caer de espalda, embarrado en una sustancia oscura, mientras se le abalanzaban encima. Sintió un fuerte empujón y se vio junto a su madre bajo la meseta de la cocina, ella lo empujo hasta allí, hasta la esquina del estrecho y oscuro rincón mientras le hacia señas para que no hablara, para que no llorara. Entre los tubos de desagüe y los calderos no había espacio para dos. Vio, sintió, cuando su Madre era arrastrada por los pies, después por el cabello, hacia afuera, dando gritos, mientras gesticulaba para que el se quedara callado. Cerró los ojos. Se pego a la fría pared de concreto. Sintió el calor del orine correr por su entrepierna. Pensó que se le explotaban la cabeza y el pecho. Escucho los gritos de su Madre apagarse en la distancia ahogados por la gritería y las risas de la gente. No recuerda que paso después. No recuerda quien lo saco de allí. No entendió, no entendía. Solo recuerda y sabe, que en la Cuba de su infancia, en la Cuba de Fidel Castro, fue victima de un acto de repudio.

Es bueno aprender

Es bueno aprender

Miguel Grillo Morales on Sunday, January 9, 2011 at 8:23am


La Real Academia del Idioma Español nos informa PARA QUE APRENDAMOS UN POQUITO MÁS... Un puntito de educación en el amplísimo campo de la rica gramática de la lengua española.

El sufijo EZ al final de los apellidos hispanos proviene de una raíz hebrea sefardí y tiene la connotación de hijo de... Es así como apellidos considerados muy castizamente españoles como Álvarez, significa hijo de Álvaro; Rodríguez, hijo de Rodrigo; González, hijo de Gonzalo; Martínez, hijo de Martín; Hernández, hijo de Hernando. Sólo existe una excepción gramatical a esta regla y es Chávez, que es hijo de Puta, ya que de ninguna manera podría ser hijo del Chavo.

A Rodolfo Vidal

 Miguel Grillo Morales on Tuesday, January 4, 2011 at 7:03pm

Cuando abrí los ojos al mundo en el Central Mercedes, ya Rodolfo Vidal estaba allí. Su esposa, doctora en pedagogía, fue, primero maestra y después directora de la primaria en nuestro Ingenio. Carmita la maestra, así la llamábamos todos, se gano el respeto de negros y blancos con una autoridad de mariscal de campo y una regla de la cual yo, ni nadie, pudo nunca predecir su alcance, dureza ni rapidez. Rodolfito se gano la estima de todos, con una sonrisa sincera y su amistad franca. Tornero de oficio, asistía diariamente al trabajo en los talleres del Ingenio elegantemente vestido y se cambiaba una vez estando allí a su habitual ropa de trabajo.

Sus hijas, Alicia y Ana formaban parte de aquella sociedad naciente, que en los bateyes de los ingenios cubanos más que amistad era una complicidad familiar. Su hijo Rodolfo, de mi edad, a quien apodábamos “Tinguaro” formaba parte de mi grupo de amigos.

Cuando la brutal garra de la dictadura castrista se abalanzó sobre el presente poniendo en peligro el futuro, cuando el castrismo y el marabú amenazaron con tragarse lo logrado por varias generaciones, Rodofito y Carmita, comenzaron los trámites para salir al exilio. No fue hasta 1970 que lograron su objetivo.

Los Vidal se asentaros en Belle Glade, FL, pueblo rural en las riveras de el lago Okeechobee. Rodeado como Mercedes de campos de caña y varios centrales azucareros, era lo más próximo al paraíso perdido. Rodolfito fundo un taller de mecánica, dándole servicio a la industria azucarera. Allí laboro hasta bien pasada su fecha de retiro. Allí empleo a todo aquel que llego de Mercedes, en ocasiones sin poder. Fueron muchos los que laboraron en su taller, hasta encontrar otro empleo. En mas de una ocasión pidió dinero prestado para cubrir nominas. Su vida y la de Carmita considerablemente austera. Nunca dijo que no, siempre la franca sonrisa, siempre el apretón de manos. Siempre el cheque de cobro para sus empleados los viernes. En una ocasión, llego a casa con una familia entera, que había perdido todo al incendiarse su hogar, los alojo por dos meses hasta que se recuperaron.

Ese fue el Rodolfo Vidal que yo conocí. Ese fue el que se gano mi respeto y mi más sincera estima. Este 2010 que nos deja crisis económicas y conflictos varios, quiso dejarnos algo más, la triste noticia de la muerte de un buen amigo y escogió a Rodofito y a su ultimo día para ello, el 31. Se que vivió una larga vida. El próximo 17 de Enero cumpliría 87 años. Se que desgastado de salud, finalmente descansa en paz. Pero se también, que lo voy a extrañar. Quiero que este sencillo y sincero tributo llegue a sus hijos y nietos para que sepan que un buen legado es la mejor fortuna que puede un Padre dejar a su prole. Y ese legado nos llego a todos los que le conocimos y disfrutamos su amistad, su sincera sonrisa, y su mano franca.
Descanse en paz Rodolfo Vidal.

Jarabe de Cebolleta.


Miguel Grillo Morales on Tuesday, January 4, 2011 at 1:38pm
     
A los Grillos, la responsabilidad y el trabajo nos era impuesta por nuestros padres desde muy temprano. Fue así, que comencé en unión de mis primos a hacer mis primeras labores, en la finca Esperanza y Sumidero, localizada en las cercanías del Central Mercedes, Matanzas, Cuba.
Entre otras tareas, se nos asignaba la recolección de las hojas verdes de la caña de azúcar, (cohollo) dejadas en el campo por los macheteros, usadas para alimentar todo tipo de ganado. Recoger, despajar y desgranar maíz, guataquear siembras, limpiar corrales de cerdos, cuidar vacas lecheras y caballos, eran algunas de las innumerables responsabilidades a nuestro cargo.
Aquellas tareas eran más llevaderas cuando eran realizadas en compañía de algún primo. Mi primo Oscarito y yo, nos buscábamos mutuamente, para hacernos compañía, mientras laborábamos. Confieso que en mi caso, por ser más pequeño, la mayor carga de trabajo la realizaba Oscar, siendo yo un simple acompañante, para charlar, o compinche de fechorías, que se nos ocurrían con alarmante frecuencia.
Fue así como una tarde de verano, en una limpieza del jardín de Quiro y Victoria, padres de Oscar, en la casa del algarrobo. Se le ocurrió a mi querido primo, investigar las cualidades medicinales de unas plantas que crecían con vertiginosa velocidad, en aquella fértil tierra colorada.
Las llamábamos Cebolleta, pues tenían el aspecto de una planta de cebolla, su raíz consistía en un bulbo morado y jugoso, el cual según Julio Pino, (apodo dado a Oscar), debían tener gran contenido de proteína, así como grandes facultades medicinales. Aquella aseveración, encendió nuestro instinto investigativo. Montamos una especie de laboratorio clandestino, lejos de la casa, debajo de una hilera de frondosas matas de aguacate, que quedaban a la izquierda del camino hacia el pozo, justo detrás de la fosa. Una lata, maderas y alcohol, sacado a hurtadillas de la cocina de Victoria, fue lo que necesitamos para hacer una fogata y hervir una cantidad considerable de aquellos bulbos. Logramos un menjurje viscoso, de color violáceo.
Mientras realizábamos estas labores, nos era casi imposible mantener fuera del perímetro del improvisado laboratorio a Sonia y Zaida las dos hijas pequeñas de Rogelio Corredera, un primo mayor a quien llamábamos, “galopito”, por su costumbre de cabalgar siempre al galope, hasta dejar sus bestias exhaustas y bañadas en sudor. La otra notable cualidad que recuerdo de Rogelio es que era gago.
Así que una vez terminado el experimental procedimiento se les acredito permiso a las niñas para visitar el laboratorio, con el estricto requerimiento, que tenían que probar aquel producto milagroso. Sonia una regordeta a la cual llamábamos cariñosamente, "barril de manteca" quizás por ser la mayor y mas consiente, probo con cuidado y de mala gana, el cocido y lo encontró muy amargo.
Aprovechando un descuido de Victoria, me toco a mi, sacar de la cocina, una cantidad de azúcar considerable, con la que endulzamos aquel “cocimiento”, hasta hacerlo tragable. Zaida una flaquita raquítica, mas pequeña y resuelta, bebió una cantidad considerable de aquello, exhortada por aquellos primos locos devenidos en instantáneos químicos investigativos.
Nosotros, la observábamos con detenimiento y yo apuntaba por instrucciones del director y jefe investigativo, en una libreta, todos sus movimientos, y su estado de salud. Las anotaciones revelaban, con lujo de detalles, todos sus síntomas, empezando con leves dolores de vientre que se fueron agudizando pasada la primera media hora. Las anotaciones cesaron cuando nos percatamos que la niña no salía del baño, aquejada por unas diarreas, solo comparables con las que sufrió Rita Pereira muchos años antes, cuando padeció el temible tifus. Estuvo tres días cagando.
Jamás vi a Rogelio tan gago. Por un momento temí que no volvería a hablar jamás. Las venas del cuello, casi se le explotan, mientras le exigía a mi Tío Quiro que nos diera a Oscar y a mi, un fuerte y merecido castigo para que pusiéramos fin de una vez y por todas, a lo que el, consideraba un grave peligro para su familia.
Claro, la sangre no llego al rió, en gran parte nos salvo que la victima expulso, al tercer día, una gigantesca lombriz solitaria, que desbordo un tibor de peltre blanco. El alma me vino al cuerpo, cuando una semana después vi, a nuestra paciente, ojerosa y descolorida, beber a sorbitos un caldo de pollo hecho por Victoria. Aunque muy pocas, aumento algunas libras. Aquel restablecimiento le dio a mi primo Julio Pino la convicción y la seguridad de que la cebolleta era el mejor descubrimiento desde la penicilina y que aquello nos haría famosos y millonarios. Los experimentos cesaron por un tiempo.
Hasta un buen día, en que Gilberto Crespo “Pupu”, el entonces marido de nuestra prima Cira se le ocurrió la brillante idea de aparecerse en casa, aquejado de un fuerte e insoportable dolor de oído.
JP lo condujo al “consultorio”. Yo aproveche un descuido, para salir despavorido, por la puerta trasera, en busca de mi bicicleta, para poner prudente distancia entre mi persona y los hechos próximos a ocurrir allí. Pero alcance a oír a un seguro y resuelto, Dr. Grillo, comentarle a su paciente los maravillosos resultados y la casi milagrosa virtud de las gotas de cocimiento de cebolleta.
Décadas mas tarde, pude comprobar, como aun Pupu ladea la cabeza cuando conversa. No dudo de que aquella tarde desapareciera su insoportable dolor de oídos. Pero también desapareció gran parte de su capacidad auditiva.

Navidad en el recuerdo.

By Miguel Grillo Morales on Thursday, December 23, 2010 at 12:30pm
A Horacio Grillo Ravelo.
Buen Socio.
No se cuanto tiempo hace que no te asomas a esta ventana, ni cuanto tiempo pasara antes de que lo hagas. Pero no puedo dejar de escribirte en ocasión de estas fechas.
Recuerdo hace ya muchos Diciembres cuando durante estos días, aquella familia de Grillos se reunía para celebrar Navidad en la vieja casa de los abuelos, en la finca Esperanza y Sumidero. En los días previos (como hoy) matar un lechón y prepararlo para asarlo el 24, era todo un acontecimiento y un derroche de alegría y complicidad.
Recuerdo las caserías de guineos para regalar un par a cada empleado. Mi Madre preparando y confeccionando buñuelos en almíbar. Las tías en aquellos encarnizados juegos de lotería o bingo, desde donde nos llegaba como un oleaje, las carcajadas y las risas provocadas por bromas y travesuras durante el juego. El aroma a lechón asado se mezclaba con el dulce olor de la molienda del majestuoso Central Mercedes, sus dos torres blancas erguidas en el horizonte y su pito anunciando el cambio de turno se me antojaba un estremecedor rugir.
Nuestros padres jugaban domino, la hermandad y respeto se mantenía, aunque el juego tomara seriedad de suicidas. Pronto aprendí que podía observar los acontecimientos del juego, en silencio, pero virar una de las fichas que quedaban sobrantes en la esquina de la mesa, era poner en riesgo mi salud dental. Tío Pipe fumaba puros (El Coloso) y adornaba el final de una conversación con aquella frase suya en ingles “allright”. Los primos jóvenes conversaban y disfrutaban las actividades y se daban un traguito de ron sacado a hurtadillas de la despensa.
Yo el más pequeño, intentaba hacerme hombre entre ustedes, hoy agradezco por cuanto me ayudaron en el empeño. Creo que nadie se detuvo a pensar lo feliz que éramos, mucho menos a prevenir tormentas.
Con la certeza de aquellos días son irrepetibles trato de mantener viva la tradición, pues suficiente nos robaron ya. En otra latitud, en otra tierra, en otro clima, terco como un mulo, asare un lechón, reuniré a los herederos míos y de aquellos días, alrededor de la mesa y brindare, por lo que fuimos, por lo que somos y por lo que seremos. Si a cincuenta años de esta Navidad, alguno de mis descendientes recuerda esta fecha, con el amor y el orgullo que hoy yo recuerdo aquellas, algo positivo habré logrado. Tengo una magnifica e inolvidable hoja de ruta, se la debo a aquellos monumentos de hombres que si bien hoy ya no están, nos la dejaron sembrada es nuestras almas y nuestros corazones con la imborrable tinta del ADN.
Un fuerte abrazo y Feliz Navidad.

Oscar Grillo Ravelo

Oscar Grillo Ravelo
by Miguel Grillo Morales on Tuesday, November 16, 2010 at 9:10am
Amigos míos.
Este viernes día 19 llegara desde Cuba, si DIOS, un avión charter y las autoridades de inmigración de ambas riveras lo permiten, mí más destacado compinche de fechorías juveniles, mi primo Oscar Grillo Ravelo (Julio Pino). Me saltare las restricciones impuestas por mi doctor y beberé, por primera vez en largos meses, un Buchanan’s con hielo (quizás dos) festejando el tan esperado reencuentro. Es mucho lo que tenemos que hablar, yo con mis 54 Agostos, el con sus 61 Septiembres. Muchos años, muchas décadas, han pasado desde que corríamos como dos locos, en la finca Esperanza y Sumidero, aferrados a nuestros instintos, más que a las crines de las cabalgaduras de turno. Le debo, entre otras cosas, la primera descripción y el grabado (en el cabo de una guataca) de un órgano sexual femenino, desde entonces, comprendí que mi gusto predilección no seria jamás por las guatacas. No me culpen si casi plagio a Miguel Hernández.
A la palma real y al potrero
Al bohío de guano te reclamo
Que tenemos que hablar de muchas cosas
Mi primo del alma, buen hermano.