Tuesday, May 5, 2015

La batalla de mi pueblo.


El 5 de mayo de 1968, a las diez y treinta y cuatro minutos de la mañana, un camión de distribución entró  en la calle principal del Central Mercedes (6 de Agosto) la Calle Real. Victimas del desabasto causado por la “brillantez” comercial y las leyes socialistas de los dirigentes del país, las amas de casa residentes en dicha calle abandonaban sus quehaceres diarios y seguían en una caravana de algarabía cualquier vehículo que semejara la llegada de mercancía a la Tienda Grande, o antigua tienda de Ramón el gallego, principal comercio del pueblo.

Aquel día no fue diferente. El grito de “llegaron los blúmer” desató, entre las mujeres del pueblo,  el desespero por obtener una de aquellas prendas. La comitiva, dando vítores hacia lento y difícil el tránsito del pequeño vehículo cargado de las codiciadas prendas. Si grande era el grupo que lo acompañaba, mayor era el que lo esperaba frente a la tienda.  La voz de Cundunga,  se oyó por encima del ensordecedor bullicio, − Tengo el uno, cojones. Gritó a todo pulmón. No importaba que hubiese llegado cuando ya la cola estaba formada, nadie se atrevía a desafiar aquella corpulenta negra. El silencio se apoderó de los presentes. –El uno lo tengo yo, no me lo quita nadie y esos cojones te los metes. Ripostó Chicha desde la puerta de la tienda. Negra como Cundunga, pero de menor estatura, temida también por su filosa y ofensiva lengua.

La muchedumbre rápidamente se dividió en dos grupos, uno respaldaba a Cundunga, el otro defendía a Chicha. Ambos exhortaban con gritos y disfrutaban el morbo de ver a las dos mujeres más temidas del pueblo ventilar sus diferencias. En pocos segundos las agresiones pasaron de verbales a físicas. Ambas se enredaron en una feroz bronca que incluía, tirones de pelos, desgarramiento de vestimentas, menciones de preferencias y hábitos sexuales, defecación en progenitoras. Aquí hago un paréntesis para alimentar la curiosidad popular, y aclaro: (se halaron las pasas, se rompieron las blusas, se gritaron puta, se cagaron en sus madres.)

La pelea duró aproximadamente diez minutos.  Terminó con Cundunga y Chicha encueras, rodeadas de un mar de gente. Sólo los ajustadores o sostenes sobrevivieron las agresiones. Todos los presentes comprendieron entonces la razón por la cual las dos mujeres pelearon tan ferozmente por el primer puesto en la cola, ninguna de las dos llevaba blúmer. Los residentes del pueblo se apropiaron de un lema pronunciado por Fidel en unos de sus discursos para mofarse del dictador y del incidente: “Revolución es enseñar la chocha si es necesario”

Hoy se cumplen 47 años de aquella batalla. Muchos en este país celebran hoy  5 de mayo, La Batalla de Puebla. La batalla donde el ejército mejicano derrotó a las fuerzas francesas.  Nadie celebra, ni en este país ni en Cuba “La Batalla de mi Pueblo” aquella que escenificaron Cundunga y Chicha y que demuestra lo que una revolución fue capaz de lograr: que dos mujeres enseñen hasta la chocha, para comprar un blúmer.     

5 comments:

  1. Gracias Miguel, la verdad que tienes un don espectacular para escribir. Que bueno que somos parientes aunque soy agregada por estar casada con un Grillo. Me encanta leer tus historias, sigue escribiendo. Haydee

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  2. Oye Grillin, muy bueno ese cuento. La crema y nata de la revolucion.

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  3. Socio:

    Muy buena su crónica de esta epopeya criolla.

    Yo recuerdo a la negra Cunda, un buen o mal día, frente a la tienda de ropas del ingenio, machete en mano, raspándolo contra la calle, sacando chispas en pleno día, y gritando: por mi papaya yo compro ahora porque mis negros están solos en la casa. Muchas veces la vi con su pedazo de machete dentro de una jaba, pero mostrando el negro y sucio cabo de baquelita, patrullando los comercios en busca de algo que comprar según su código de orden de llegada. Pero hay algo casi increíble en todo esto: ella era mi protectora espontánea en eso de cuidarme de los maleficios que algunas féminas descontentas conmigo pudieran aplicarme. En la calle siempre me abrazaba y besaba, diciéndome que yo era su hijo blanco. Nunca supe el origen de aquella protección, pero me convenía y no me hacía daño, así que la aceptaba sin reparos.



    Nuestro ingenito, no por pequeño y remoto, dejaba de ser pintoresco. Debes recordar aquellos personajes como CRISTINA LA NEGRA, EL MULATO ACHINADO CHONGUITO, ALBERTO JOVELLANOS, HERIBERTO EL NEGRO, y otros muchos que sería largo enlistar. Peros todo aquello desapareció, amigo mío. Solo queda una manada de tipos andrajosos, sin filiación familiar conocida, y sin bañar, que huelen peor que los caballos que tiran de los carretones para llevar pasajeros hasta el crucero de la carretera del Circuito Sur. Ya no hay batallas por la compra de las cosas en el mercado, por una sencilla razón: no hay mercados. COMO CAMBIAN LOS TIEMPOS BENANCIO, COMO CAMBIAN.!!!

    DÍGAME DE USTED Y LOS SUYOS. Por acá todo y todos bien….y mejorando!!!

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  4. JAAAAAAAAAAAAAAAA, como he disfrutado esto.......... queda para la historia. supongo que la historia es ficticia no ? sino me encantaria conocerlas..... y regalarle unos blumitos a las susodichas... ja, hay que reise hasta de los males. jaa. me has hecho reirrrrrrr !

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  5. Todos ocasionalmente hacemos alguna cola para algo La última -enorme- que tuve la suerte de poder hacer, fue para entrar a los Museos Vaticanos de Roma. Escasamente en una cola se tiene la suerte de aprovechar para entablar una conversación interesante; así que, en general, es tiempo perdido. Cuánto tiempo desperdiciado en el siglo XX en países que hicieron de la cola un distintivo político y social.
    Peor para sus dirigentes, porque a falta de otro tema de qué hablar, se suele empezar la conversación un poco airadamente ¿pero qué pasa, que no se mueve esta cola?

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