Sunday, February 19, 2017

Dos centrales, un contraste.

Nací y me crie en Mercedes, un central azucarero enclavado en la llanura de Colón, Matanzas, Cuba. Sus dos torres, fueron parte del el horizonte de mi infancia y una visión que llevaré por siempre en mi memoria. Esta mañana desperté y al asomarme al balcón de mi camarote las torres del Central Romana, en Republica Dominicana me daban la bienvenida a una tierra que por esas cosas del destino es parte de mi hoja de ruta de exiliado y me recuerda mi punto de partida y mi origen.
Quede extasiado mirando el humo negro que expulsan como prueba de su productividad. Pensé en el Central Mercedes, (6 de Agosto) arruinado y abandonado hoy, del cual solo quedan precisamente las dos torres. Me dolió el contraste. Recordé que el Central Romana es propiedad de una familia cubana a quienes el régimen de Fidel Castro les confiscó todas sus propiedades en Cuba, incluyendo centrales. Con tenacidad y audacia han logrado recuperar lo perdido y además del Central Romana son propietarios de dos centrales y refinerías de azúcar en el sur de la Florida.


No existe mejor prueba del fracaso del sistema castrista que la comparación de estas dos historias. Aún con mano de obra esclava, pagando sueldos miserables en una moneda creada por ellos y sin valor alguno, los hijos de Ángel Castro y Lina Ruz llevaron la industria azucarera y a un país prospero a la ruina. En tierra extraña, comprando unas hectáreas de terreno en la década del sesenta, los hijos de Alfonso Fanjul y Lilian Gómez Mena lograron construir un imperio. Hay que ser muy terco o muy torpe para no sacar una clara conclusión de esta historia.

− ¿Qué te pasa? – me preguntó Rebeca. Cuando volví la vista, todo estaba borroso.  El amargo sabor del mal recuerdo y el dulce olor de la molienda no me permitieron contestar.

Mike Grillo
14 de febrero 2017
La Romana, Republica Dominicana.       



Tuesday, January 17, 2017

Viejo.



Viejo, hoy desperté pensando en ti. Te imaginé montado en un caballo en medio de un enorme potrero rodeado de curiosos añojos en ceba. El pasto bien asistido, la cercas meticulosamente situadas. Te vi analizar la compostura y los rasgos en la anatomía de cada uno de los ejemplares. Incluso te oí repetir la frase, "ves hijo, se llama ganado, GA-NA-DO, la palabra te lo dice todo." Y es que, lo que hoy imagino, lo escuché y lo presencié de niño.

Viejo, hoy amanecí pensando en ti. Sera porque un día como hoy, un 17 de enero, pero de 1909 Juana te paría en el pequeño cuartito de un bohío de paredes de tabla, techo de guano y piso de tierra. ¿Cómo pudiste lograr todo lo logrado? Pues con una frase, una simple frase que solías repetirme y que me ha servido hasta el día de hoy.
Puede que el paraíso exista, puede que sea solo un cuento para consolar y dar ánimo a algunas almas en este difícil arte que es vivir. Pero viejo, exista o no, yo tengo la completa convicción de que tu estás en el. Esa convicción se la debo a que fui testigo que una vez te lo robaron, te lo destruyeron y con trabajo y esfuerzo lograste reconstruirlo. Y a la frase que mil veces repetiste,  “Hijo, el paraíso se lo construye uno mismo.”  ¡Feliz cumpleaños mi viejo! 

 








 
 

 

Friday, December 23, 2016

Sembrar frijoles.




Deje caer tres o cuatro granos en el fondo del surco, solo tres o cuatro granos, si dejas caer más y nacen muchas plantas se afecta la polinización. Con el pie derecho échele tierra encima y con el pie izquierdo termine de cubrirlos, de medio paso y repita la operación.

Aún recuerdo las precisas instrucciones de como sembrar frijoles, que me dio mi padre aquella luminosa mañana en la finca La Esperanza.

José Miguel Grillo Martin le imponía un enorme peso a sus órdenes al tratarme de usted. 
− ¿Entendió?
− Si, entendí − respondí y repetí verbal y físicamente la operación, para quitarme al profesor de encima.
− Cuando se acaben las semillas de la mochila, en aquel saco hay más − y señaló un enorme saco a la sombra de un almácigo. Y agregó.  −Yo sembraré al otro lado del campo de maíz y a las doce regresaré para almorzar.

El campo recién arado tenía aproximadamente una hectárea. El roció de la mañana brillaba sobre la fértil tierra colorada y comenzaba a evaporarse con los primeros rayos del sol. El primer surco me pareció un paseo, el segundo se me hizo más largo y en el tercero comenzó mi calvario. La mochila, o jolongo, una bolsa pequeña donde se cargaban las semillas, confeccionada de saco de yute, con una tira larga para colgarla del hombro, se me incrustaba en el cuello, produciéndome una incesante picazón. El Sol se había despegado del horizonte y sus rayos me producían las primeras gotas de sudor. Las botas se habían impregnado de la húmeda y pegajosa tierra colorada y pesaban una tonelada. Perdí la cuenta de las horas y los surcos. Levanté la mirada y miré al Sol por unos instantes, estaba alto, intenso, cuando bajé la mirada no vi surcos ni tierra, un danza de animales salvajes, como salidos de una película se movían a mi alrededor en un espejismo digno de un naufrago. En la lejanía, sobre el campo de maíz, divisé la figura difusa de mi padre, ágil, incansable, sembrando a la velocidad de una maquina. Recobré el aliento y no quise ser menos que él. Di medio paso y entre mis sudados y cansados dedos se me escaparon una, dos, tres, seis, ocho, un chorrito de negras semillas, con el pie derecho las cubrí y con el izquierdo termine la operación, medio paso y otro chorro de semillas, pie derecho, pie izquierdo y medio paso…

No recuerdo cuando ni que almorzamos. Más agobiante aún fue la faena de la tarde. El Sol me aperreaba la espalda y el sudor me ardía en los ojos. Maldije la hora en que me brinde para ayudar a mi padre. La mochila y las piernas pesaban más que la vergüenza y las instrucciones. Un chorro de semillas, pie derecho, izquierdo, medio paso, y al carajo. Solo pensaba en terminar y no regresar jamás a aquél campo. El viejo Grillo terminó su parcela, vino y me ayudó a terminar la mía. De regreso a lomo de caballo, oí a mi padre agradecerme el esfuerzo y la ayuda.


Una semana después mi nombre en el tono fuerte de su voz, hizo temblar los cimientos de la casa. Algo andaba mal, muy mal, y yo no sabía qué.  

−Vístase y venga conmigo inmediatamente.

Supe que nos encaminábamos hacia las parcelas de cultivo. Desde la altura del caballo, escapé mentalmente fijando la vista en el suelo, la yerba pasaba como una ondulante alfombra verde bajo nosotros. El viaje fue en total silencio, armonizado solo por los cascos del caballo sobre el suelo y los bellos sonidos naturales que emite el campo cubano. Algo andaba mal, muy mal y yo no sabía qué.

−Desmóntese. Hoy usted va a aprender que cuando yo le digo algo es por una razón.

Me desmonté del caballo y me quedé parado al borde del campo donde una semana antes había realizado mi primera siembra de frijoles. Las semillas habían germinado.  

− Cuente cuantas posturas hay en esos surcos.

Titubeé por unos segundos, intentando prolongar el desenlace final, pero la voz apremiante del viejo Miguel volvió a repetir.

 − Cuente cuantas posturas hay en esos surcos.

Comencé a contar, una, dos, tres… Seis, diez, doce… En algunos plantones conté hasta veinte posturas.

− ¿Recuerdas cuantas semilla te dije que sembraras?

− Si.

− ¿Cuántas?

− Tres o cuatro.

− ¡Bien! Pues ahora empiece por el primer surco, plantón por plantón, arranque con mucho cuidado el exceso de posturas y deje solo cuatro en cada grupo – lo dijo sin gritar, sin grandes aspavientos, con el poder de la razón y la palabra y se marchó.

Lo vi alejarse, cuando viejo y bestia eran un punto en la lejanía, o la miasma cosa en mi sentimiento, me dejé caer boca arriba entre dos surcos, miré al cielo, un desfile de presurosas nubes blancas sobre un profundo fondo azul parecían huir de mi tragedia. Tuve ganas de gritar, llorar, patear, pero me contuve, recordé las instrucciones de mi Padre y supe que el único culpable había sido yo. Allí me pasé dos días consecutivos, en cuatro patas, gateando de surco en surco, eliminando las plantas sobrantes hasta dejar las cuatro requeridas.

Han pasado más de cincuenta años desde aquella luminosa mañana en la finca La Esperanza. ¡Más de medio siglo! Aun conservo el recuerdo, la lección aprendida y la costumbre de apartar uno a uno los granos del caldo en cada potaje de frijoles negros que me como.    

Monday, November 21, 2016

Un mostro llamado Tom Jones.




Good morning world!


Es sábado, algo que lamentablemente ocurre solamente cada siete días. Abro feisbú y me encuentro con esta joya. Me hace recordar un compañero de secundaria en Manguito*. Era una suerte de enciclopedia musical en forma de negrito flaco y alto. Han pasado 46 años, no recuerdo su nombre, ni en qué pueblo aledaño vivía, pero recuerdo que le hacíamos coro para oírle hablar de música.

Su padre, marino mercante, tras largas ausencias, regresaba cargado de información y artículos del mundo real, nada que ver con aquel Macondo revolucionario, saturado de consignas y maquillado de tierra colorada que sufríamos. Nunca olvidaré que por él conocí una grabadora. Oír nuestras voces reproducidas por aquel artefacto, era algo alucinante para aquel bando de guajiros habitantes de dos mundos más allá del tercero. Oír música, vedada en los medios oficiales, era una experiencia surrealista. Un día, el amigo musicólogo se apareció con la grabadora y una cinta. – Se llama Tom Jones y el tipo es un mostro* – Nos dijo, y apretó una tecla.

Años después en Madrid pude seguir la carrera de aquel magnifico interprete y pagar lo que representaba para la delgadez de mi bolsillo una pequeña fortuna por un LP. She’s a Lady - Green, Green Grass of Home – Delilah -  It’s not Unusual, pasaron a formar parte del ambiente sonoro de aquel pequeño piso del barrio de Vallecas, al punto que la vieja Carmita una mañana,  cariñosamente, me prometió hacer el tocadiscos trizas contra el piso si no ponía algo de Joseito Fernández o Abelardo Barroso…  

Tom Jones ha envejecido elegantemente. Su potente voz ha alcanzado matices graves con los años. Abro feisbú y me encuentro con esta joya. Es sábado algo que lamentablemente ocurre solo cada siete días. Más lamentable aún, no logro acordar el nombre de aquel amigo de secundaria que nos enseñó que detrás de la cortina de bagazo y cesura existía un tipo, un mostro llamado Tom Jones.



*Manguito. Pueblo en la provincia de Matanzas, Cuba.
*Mostro. Nombre dado por los cubanos a alguien que sobresale en alguna actividad.

Wednesday, November 2, 2016

Matador de culebras.


La vio moverse en la oscuridad, entre los geranios y las rosas, enredada en el troco del Hibiscus, negra, brillando a la luz de la luna. Un escalofrió recorrió su cuerpo. Le tenía terror a los reptiles, pero estaba preparado. Alzó el machete y con la fuerza que produce el miedo descargó una y otra vez la filosa y acerada hoja contra su alargado cuerpo. Junto a un picadillo de siemprevivas, margaritas y malangas la dejó hecha pedazos. A la mañana siguiente su cuerpo inerte estaba aún allí…  ¡Ay Pepe mi cuñado! Ya compré en Home Depot una manguera nueva para el jardín.




Sunday, October 30, 2016

Vivir, lo que se llama vivir...


Foto cortecia de Reina Trucchio Williams.





Cuando has consumido y disfrutado seis décadas de vida. Cuando comprendes que una tarde charlando con tus primos, sobre las ruinas de un país y de lo que un día fueron los cimientos de la casa de tus abuelos en una remota finca de la provincia de Matanzas, tiene más valor y te llega más hondo que una charla con el presidente de un país.

Cuando beber el agua fresca de un arroyo te satisface más que beber el mejor whisky en la mejor barra del mejor bar del mejor hotel de New York o Madrid.

Cuando una complicidad con tus tres hijos varones en una paradisiaca playa caribeña te demuestra que son, además de tus hijos, tus mejores amigos.

Cuando despides a tu única hija en un aeropuerto, con una mezcla de orgullo y miedo porque ha decidido libremente hacer su vida por su cuenta.

Cuando has llorado de emoción ante el logro de un hijo, o de dolor en el sepelio de tus más queridos familiares o amigos.

Cuando la foto de una nieta te extrémese el alma y, por esas travesuras del ADN, ves en su labios los labios de tu madre... Es cuando puedes decir orgullosamente: creo que he vivido, creo que he vivido feliz.  
Mariah Alexandra Grillo, hace apenas cuatro años que llegaste a este mundo, mi mundo, tan distinto al que te tocará vivir, pero en tu fisionomía revive Carmen Morales, mi madre, y un tú carácter José Miguel Grillo, mi padre. Chiquitica, tú serás tú y tus circunstancias. Quizás nunca te sentarás sobre las ruinas de los cimientos de mi casa a charlar con tus primos, porque todas las vivencias son distintas. Pero tengo la seguridad que no te faltará en su momento el agradecimiento por la educación y el amor que recibes hoy. Yo te observo y repaso instintivamente un poema que Salomé Ureña le dedicara a su hijo.   
 
 Cuando sacude su infantil cabeza
 el pensamiento que le infunde brío,
 estalla en bendiciones mi terneza
 y digo al porvenir: ¡Te la confío!
 
Tú no lo sabes aún, pero eres la más solida prueba de que he vivido. Y vivir, lo que se llama vivir…




Tuesday, October 4, 2016

Pero si está la bandera….


Pero si está la bandera….

Con esta frase comienza el segundo párrafo de un poema que José Martí escribió en relación a un evento de baile en el que actuaba una bailarina española. La musa para escribir “El alma trémula y sola” le llegó a Martí una noche de 1890 en el Teatro El Edén Musee de New York viendo bailar a Carolina Otero.

El sentimiento que agobió a Martí aquella noche es fácil de comprender. El dolor por el país, por la patria perdida, le impedía al ciudadano, al poeta, al hombre, entrar a un recinto adornado con la bandera que representaba al opresor. No era una cuestión de odio, era honor, era vergüenza, era dignidad.

Un siglo y cuarto después el mismo país vive bajo una dictadura, no menos aberrante por ser, esta vez, cubanos sus dirigentes. En los últimos años soplan vientos de reconciliación, Muchos artistas residentes en la Isla viajan a actuar a Estados Unidos, a Miami en particular. Soy solidario con ellos, asisto a sus actuaciones y coopero con muchos eventos porque entiendo que son tan victimas o más que los que no vivimos en Cuba. Vivir en Cuba no significa simpatizar con el régimen. Aunque si hay algunos que simpatizan y cooperan, las pruebas están ahí, fáciles de obtener en youtube, en la internet.

El Flamingo Theater Bar aquí en Miami, anuncia próximamente una actuación de Candido Fabré, un cantante cubano a quien hemos visto innumerables veces cantarle a Fidel y a Raúl, más que cantarle arrullarlos con elogios y pleitesías. Candido está en todo su derecho a ser cándido con los despotas. Como es mi derecho no asistir a un evento donde se presente él o ninguno de los que adoren a quienes yo considero culpables de la tragedia de una nación. No participo en ningún tipo de acto contra su presencia aquí, esos actos me parecen abominables. Pero no señor Fabré, mi dinero me lo gasto con gusto disfrutando de un artista cubano local que tiene el alma trémula y sola y a sus espaldas la carga y la dignidad de vivir alejado de su tierra y de su gente por culpa de aquellos a quienes usted les canta las mañanitas.

No es cuestión de odio. Es por honor, por vergüenza, por dignidad, que yo no puedo entrar.


Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque sin está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.