Thursday, September 19, 2013

¿Mi primer amor?


La primera vez que la vi, estaba sentada en el portal de su casa. Mi madre me llevaba de la mano. Fije mi vista en aquella carita y no la deje de mirar a pesar de los tropezones y las insistencias de mi madre. – Mira por donde caminas mijo --. Después supe que se llamaba Teresita y que a su madre le decían Nenona.  Vivian frente al cine del Central Mercedes, al lado de la guarapera de Ito Cardona en una casa de madera.
Acompañada de su hermana mayor un día apareció en mi feudo. Con la habilidad de un gato, trepé los gajos de las mejores matas de guayaba y puse en sus manos aquellos tesoros olorosos, verdes y redondos. Le mostré mi campamento debajo de la mata de limones. Mis armas, con las que derrotaba todos los ejércitos. Y la deje montar mi mejor caballo. Trueno, había sido domado por Joaquín Pino un cojo que con habiles manos, fue quien convirtió un viejo cabo de guataca en mi más preciado corcel.
De la cocina de mi madre robe para ella suculentos y recién confeccionados chibiricos. Los traje hasta la esquina del portal donde nos sentamos a charlar de esas cosas que charlan los niños. Fue en ese instante que mi hermana tomo esta foto que apareció ayer entre los recuerdos del pasado.         

Wednesday, August 28, 2013

¿A quién le importa tu vida?


Hay canciones y hay canciones. Parece una redundancia, pero no lo es. Albita Rodríguez es una de mis cantantes favoritas. La descubrimos hace muchos años, recién llegada de México en el restaurante Centro Vasco. El pasado sábado 24 de agosto, Rebeca y yo asistimos, en unión de nuestros amigos Clara y Tristán Cuadrado a su presentación en el club Hoy Como Ayer. Albita dejo el alma sobre el escenario. Presenciamos la entrega total de una artista segura de sí misma y conocedora del medio. Esa noche estreno la canción, A quien le importa y conto que formaba parte de su nuevo disco. La canto de una forma desgarradora, dejando a los allí presente con ese salto en el pecho, con ese sentimiento de haber presenciado un acto de magia en forma de interpretación.

Vivimos en una sociedad variopinta en todos los aspectos. Los tiempos cambian y el hecho de haber crecido en sociedades racistas y machistas, a veces nos dificulta la habilidad al lidiar con algunos temas que aun se consideran escabrosos. Hay quienes prefieren hacerse de la vista gorda, o aun peor, barrer lo que consideran polvo debajo de la alfombra. Ninguna de estas dos opciones cambiara absolutamente nada en la vida. Las cosas son como son y punto. Por estas razones y otras considero que aun hoy se necesita tener tremendo par de ovarios para cantar una canción como esta. Y Albita los tiene.

Después del show, bien entrada la madrugada fuimos a visitarla al camerino. Allí estaba, exhausta, con los pies en alto, pues le dolían. – Gracias por venir. Nos dijo. –No, gracias a ti por tu arte. Le conteste. Y añadí: - No olvides nunca que tu eres más, mucho más, que una mujer que canta. Hoy quiero desearle toda la dicha del mundo, profesarle mi admiración y además rendirle este pequeño tributo a ella y a todos aquellos entrañables amigos y amigas a quienes quiero y respeto sin importarme sus preferencias. Y decirles como nos dice Albita: Yo no soy quien para juzgar o condenarte. Y además: ¿A quién le importa tu vida?  

Monday, August 12, 2013

No copiaras.


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Lo vi en una tarde extraer tesoros de las entrañas de la arena. Armado solo con un detector de metales y una pala caminaba por la fina arena y anillos, cadenas y pulsos aparecían como por arte de magia. Esto es fácil de hacer, pensé. El sábado, después de una visita a una tienda especializada, me hice de la parafernalia necesaria para esta nueva aventura. Después  de un largo día y una insolación de primer grado, mi botín consiste en 3 libras de las más disímiles y pintorescas chapas de botellas. He tomado la decisión de elevar una enérgica propuesta a las autoridades correspondientes, para añadir un nuevo mandamiento: No copiaras.

Thursday, August 8, 2013

Nicolás Piloto reencarnado.

 
-- Pueblo amarillento, aquí con mi camisa de colorines. Con estas palabras comenzó Nicolás Piloto el discurso que a pesar de los años transcurridos aun recuerdan sus coterráneos del Central Mercedes. Se celebraba en el cercano pueblo de Amarillas un acto por el primer aniversario de la creación de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Nicolás por ocupar un alto puesto en aquella organización, había sido invitado a participar como orador.
Delgado, alto, piel color de ébano, (perdón, color de ébano era Celia Cruz, Kid Chocolate y Bola de Nieve, Nicolás era color chapapote) había sido colono del Central Mercedes hasta el triunfo de la revolución. Aquel colono, simpatizante de Batista, se volvió de la noche del 31 de diciembre de 1958, a la mañana del primero de enero del 1959 en un furibundo castrista. Cualquier similitud con millones de cubanos vivos, o muy vivos, no es pura coincidencia.
 

Eufórico, con su camisa “de colorines” empapada de sudor, Nicolás prosiguió su elocución: -- Vengo representando el pequeño agricultivo y no al colonato. - Dijo -  Sofocada por el caluroso verano, castigada por el contenido y calidad de aquel discurso, la multitud se movía incomoda. Piloto, enardecido gesticulaba desde la tribuna. En el momento cumbre, en el éxtasis de su embriaguez popular prometió: -- Entre Amarilla y Calimete vamos a construir un puente. Alguien del grupo que lo acompañaba en el pódium le aclaro en voz baja: -- Nicolás, entre Amarilla y Calimete no hay río.     – No “inpota” lo “hacemo” también y le “echamo” agua con la bomba de Tito. Se refería a Tito, su hijo que manejaba el camión de bomberos del Central Mercedes.
Ha pasado medio siglo de aquel pintoresco hecho. Aquel fue solo en comienzo de una práctica llevada a cabo no solo por Nicolás Piloto. Otros oradores se han encargado de prometerle al pueblo cubano mucho más que puentes y ríos a lo largo de estos cincuenta años.

Yo, que no creo en la reencarnación, he llegado a la conclusión que Nicolás Piloto ha reencarnado. Eso sí, piel más clara, mas corpulento, la misma estatura, el mismo contenido encefálico y hasta el mismo nombre. Solo que ahora no preside una organización gubernamental para engañar y explotar campesinos. Ahora preside un país petrolero.


Thursday, July 18, 2013

¿Obsoleto?


El sofocante mes de Julio de 1967, amenazaba con achicharrarnos a todos. La escuela José Abrines del Central Mercedes de mi adolescencia había cerrado sus puertas y los muchachos disfrutábamos las vacaciones de verano. Blancos y negros participábamos en diferentes actividades, espontáneas todas ellas, que incluían diferentes juegos y deportes. El beisbol era uno de los favoritos. Cuando la tarde atenuaba el castigo de los rayos solares, no reuníamos en el campo de pelota y formábamos dos equipos para disputar aquellos inolvidables juegos manigüeros donde se veía de todo. Pelotas cubiertas con cinta eléctrica, viejos guantes y bates, algunos confeccionados de forma artesanal. Las vicisitudes y el lamentable estado de los equipos no le restaban al entusiasmo de los participantes.

Los juegos se fueron haciendo habituales y algunos no tan jovencitos comenzaron a organizar y a formar parte de los equipos. Era normal picharle a un raquítico compañero de colegio, como también a un estibador de azúcar obrero del central con seis pies y doscientas libras de peso. En pocos días solo los mejores jugadores adolecentes podían jugar, pues los adultos se adueñaron del terreno y los desafíos tomaron seriedad al incorporársele interés adicional con apuestas de dinero. Un mal fildeo, poncharse o lanzar una mala bola, era poner prácticamente la vida en peligro. Escribirlo hoy, puede parecer una exageración, pero allí lo comprobamos una tarde.
Lazaro Perez e Ibrain Hernandez eran dos de los asiduos adultos que integraban equipos contrarios. Lazaro mulato de poca estatura y falto de fibra era hijo de Lazaro Herman Perez y tenía fama de guapetón. Ibrain era robusto, alto, algo entretenido y bobalicón, era hijo de Señita y lo apodabamos Palomo. La rivalidad entre ambos era manifiesta y una tarde a razón de una apretada jugada en home la discusión sobre si el hombre era out a quieto tomo ribetes trágicos y llegaron a la agresión física. Palomo dejo a Lazaro tendido en el suelo, al propinarle un trompón de campeonato. Este se incorporó y los compañeros de equipo allí presente lo exhortábamos a seguir la pelea. – Reviéntalo Palomo. – Mátalo Lazaro. Eran algunos de los gritos que se oían. – Si eres hombre espérame aquí  - Dijo Lazaro algo aturdido y desapareció.

El juego continuo y el incidente fue olvidado. Hasta que vimos a Lazaro aparecer por tercera base revolver en mano. Con el cañón de aquel “obsoleto” y oxidado Vizcaíno (un cachimbo de la guerra de independencia) hizo una raya en la tierra justo en el área del short stop y le grito a Palomo: – Si tienes cojones, pasa esta raya. Palomo, resuelto avanzó hacia su enemigo mientras cantaba un estribillo al que todos le hicimos coro: - Ese revólver no tira, ese revólver no tira. El PUM, la humareda y el olor a pólvora nos dejó a todos de un solo color, blancos, y sin aliento. En el suelo, Palomo se retorcía con las manos en la cara de donde sangraba profusamente. Lazaro salto la cerca del center field y desapareció. Los que lo asistieron (yo, antes que se disipara la humareda estaba en casa, bañado y en piyamas) cuentan que entre bates guantes y pelotas estaban esparcidos los  dientes de Palomo. El proyectil le entró por la boca le destrozó la mandíbula y le salió por el cachete.  Asistido en el Hospital de Colón, Palomo se salvó. Hablaba estropajosamente, no recuperó los dientes y la lentitud mental se le acrecentó. Desde entonces y para siempre fue meritorio del apodo: Palomo come bala.
No olvide jamás las alegaciones del padre de Lazaro: “el  revolver era una pieza obsoleta y para defensa personal”. 

La declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, que indica que el barco detenido en Panamá contenía: “240 toneladas métricas de armamento defensivo obsoleto” me ha recordado este hecho del cual fui testigo siendo niño.     

Saturday, June 8, 2013

En las mejores familias.

Mi Papa.

Mi Mama.

Yo.
Y claro, el vecino del potrero de al lado.

Por favor, no sean mal pensados.